| ELECCIONES.
Ganó el anti-Bush
763637Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
Washington, DC. -Mientras que todos aquí analizan el terremoto electoral del martes en Estados Unidos, mi perspectiva es que este triunfo demócrata es too little, too late ["muy poco, muy tarde"], como dicen los norteamericanos. Eso lo digo porque todas las consideraciones que llevaron a los demócratas recuperar control del Congreso el martes estaban presentes en 2004 y debieron haber causado la derrota de George W. Bush entonces, cuando sacarlo de la Casa Blanca hubiera abierto más opciones para frenar la guerra en Irak y hubiera salvado muchas vidas.
Para medir lo que estos dos años han costado, fijémonos nada más en el numero de muertos en la guerra fraudulenta, innecesaria, y contraproducente en Irak.
*En cuanto a militares estadounidenses: Para noviembre de 2004, mil 100 soldados estadounidenses habían perdido la vida; la cifra actual sobrepasa los 2 mil 800 (más de los que perecieron en 9-11).
*En cuanto a civiles iraquíes: No hay cifras precisas, pero mi columna del 25 de marzo de 2004 utilizó la cifra de 10 mil víctimas, tomada de www.iraqbodycount.org, que ahora estima que el número de muertos iraquíes va por los 47 mil. (Advierto que aquí estoy usando cifras muy conservadoras porque la prestigiosa Universidad Johns Hopkins calcula que unos 100 mil civiles iraquíes habían muerto para 2004 y que la cifra ahora va por 650 mil).
Entonces, que el pueblo estadounidense no haya comprendido bien la situación en 2004 le ha costado la vida a mil 700 de sus hijos e hijas y a un mínimo de 37 mil mujeres, hombres y niños iraquíes. Y es un error que seguirá costando muy caro, porque el Congreso --aunque ahora esté por margen estrecho bajo el control de los demócratas, y aunque se ha despedido al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld-- solo tiene poderes limitados frente al poder del Ejecutivo en el manejo de una guerra.
Escribí lo siguiente en mi última columna antes de las elecciones de 2004: "Hace algunos días el director del ‘Zogby Poll’ dijo que si la elección presidencial de este año fuera entre Bush y anti-Bush, ganaría anti-Bush. Hay un gran descontento en el país, explicó el encuestador John Zogby, ‘por lo que la mayoría de los estadounidenses preferiría no votar por el presidente George W. Bush".
Pero Zogby estaba equivocado. En la columna inmediatamente después de esa elección, observé esto: "Fue una derrota demoledora. George W. Bush no solamente ganó reelección a la Casa Blanca, sino que lo hizo con margen impresionante tanto en la votación popular como en el Colegio Electoral, captando así una legitimidad que no tuvo en su primer período. Además, su partido aumentó el control de ambas cámaras del Congreso y derrocó al líder de los demócratas en el Senado". Escribí que esa elección había sido "una guerra por el alma y el futuro" de Estados Unidos y que "los conservadores ganaron esa guerra, usando fervor religioso como su arma principal". En medio de una franca depresión, dije que ya me parecía vislumbrar el día en que Bloomingdale’s estaría vendiendo burkas.
Hoy me complace constatar que ese pesimismo mío resultó estar algo exagerado, pero la verdad es que no logro entender qué ha cambiado entre 2004 y ahora. ¿No se sabía entonces que nos habían vendido fraudulentamente la guerra en Irak? ¿No se sabía entonces que la guerra iba muy mal? ¿No se sabía entonces que el déficit gubernamental estaba por las nubes y que las políticas económicas de Bush beneficiaban a los ricos? ¿No se sabía entonces de la incompetencia y la corrupción que vimos después?
Dicen que no hay ciego como el que no quiere ver y quizás el fervor religioso cegó a muchos. Hace tres semanas escribí que Dick Morris, analista republicano, había señalado que si los blancos religiosos [white churchgoers] ya no apoyaban incondicionalmente a los republicanos --lo que querría decir que "hasta el último perro los ha abandonado"-- un "desastre" electoral esperaba al partido de Bush. Ayer sábado, un artículo de primera plana en el Washington Post informó que este año, los demócratas lograron quitarle parte del voto religioso a los republicanos. Por lo demás, está clarísimo que los votantes querían expresar un fuerte repudio a Bush y a sus aliados políticos.
Mirando hacia 2008, los liberales estadounidenses sienten un optimismo que ojalá resulte justificado, pero yo no puedo dejar de mirar para atrás, llorando por las pérdidas que hubiéramos podido prevenir si el anti-Bush hubiera ganado en 2004 en vez de ahora.
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
• Volar en tiempos de Osama…: Daniel R. Pichel • Un año después del CAIR: Froilán Becerra J. • Ganó el anti-Bush: Betty Brannan Jaén • Maternidad gratuita: Lilibeth del C. González • Arquitectura para la ciudad: Raisa Banfield
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