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Reportaje especial
Panamá, domingo 12 de noviembre de 2006
 

RIDÍCULAS MEDIDAS DE SEGURIDAD.

Volar en tiempos de Osama…

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

No tengo nada contra la seguridad. De hecho, me parece fabuloso que se implementen medidas para mejorarla, especialmente si hay desquiciados que hacen cualquier barbaridad solo porque se les ocurre o porque algún poder superior, consideran ellos, se los ha indicado.

Desde el tristemente célebre 9/11, las reglas del juego en nuestro planeta cambiaron para siempre. Después de la masacre que se dio ese día, siempre que viajemos tendremos que sufrir el calvario que representa cumplir con los requisitos que se han implementado en cada aeropuerto o estación de tren del mundo para evitar "actos de terrorismo". Así, ya parece normal sacarse los zapatos, cinturones y relojes para pasarlos por los rayos X y detectar si tenemos algún explosivo o "arma de destrucción masiva". Curiosamente, lo que ocurrió aquel fatídico día no hubiera sido evitado por ninguna de las medidas que han implementado en los aeropuertos. Aquellos terroristas estaban dispuestos a cualquier cosa y hubieran asesinado a toda la tripulación con las manos o los dientes si hubiera sido necesario. Así mismo, utilizaron los aviones como bombas de altísimo poder explosivo, llevándose con ellos a quienes viajaban dentro. Lo que sí se ha hecho para evitar lo ocurrido ese día, ha sido solamente ponerle llave a las puertas de las cabinas de mando (aunque durante vuelos largos esa puerta se abre cinco o seis veces). Después está el cuento de los air marshalls lo cual, si bien en teoría suena lógico, dejará de serlo cuando alguno de estos flying Rambos se le afloje con la altura la tuerca principal y utilice su arma contra los pasajeros, la tripulación o ambos.

Pero la razón de escribir esto hoy, es que hace unos días, viví la experiencia surrealista de pasar por Estados Unidos durante una conexión camino a Europa. Francamente, hemos llegado a un nivel insospechado de ridiculez con esto de "la seguridad". Para comenzar, me da la impresión que muchos de los inspectores de estos aeropuertos, no tienen la menor idea de lo que están buscando. No dudo que si uno lleva un misil tierra-aire en la mochila o una caja de granadas de fragmentación seguramente lo detectarían, pero son infinitas las historias de personas que han pasado cuchillos, tijeras y encendedores sin que nadie se haya percatado. Ahora, al llegar al puesto de inspección, hay que quitarse los zapatos, el cinturón, las llaves, el reloj, la cartera, los collares, las monedas y los aretes (todo esto lo vi ese día). Ah, y todas las computadoras y equipos electrónicos tienen que sacarse de sus estuches. Según me explicaron en México (en EU nadie me supo decir por qué se hacía esto), es porque, siendo un objeto opaco, pudiera esconderse algo peligroso debajo de la "sombra" que producen. Así mismo, el último dispositivo de seguridad que se inventaron es una especie de cabina telefónica de General Electric donde uno entra y, desde los lados, le echan aire en forma intermitente como si uno fuera la velita de cumpleaños de un enfisematoso. Pregunté para qué servía y me dijeron que para detectar explosivos.

Pero si ven algo "extraño", ahí sí que "se fregó el paseo". Un equipo de agentes tomará al "sospechoso" como si hubiera estado en Chernobyl cuando voló la planta y lo llevan a una esquina donde revisan sus pertenencias. Antes de comenzar la inspección se ponen guantes, para sacar cada calzoncillo y cada calcetín uno a uno con una curiosidad que solamente sería capaz de igualar Gill Grisom en un capítulo de CSI.

Ah, y como si esto fuera poco, a raíz del último "plan" desmantelado en Londres, ahora está prohibido viajar con líquidos y "geles" dentro del equipaje de mano excepto si se colocan un ziplock transparente (seguramente algún amigo de Bush fabrica esas bolsitas). Así, cuentan con mesas donde colocan "mortales" botellas de agua, refrescos, jugos, shampoo, licores y perfumes que se intentaban "infiltrar en la cabina". Pues ahora se fregaron los diabéticos que tienen sed todo el tiempo o aquéllos con la peligrosa costumbre de lavarse los dientes después de dormir seis horas en un vuelo trasatlántico, porque la pasta dental constituye un "serio peligro" de seguridad. Francamente, esta gente es increíble. No sé si se les habrá ocurrido que, en los tiempos que vivimos, no faltará quien haga una bomba atómica con forma de marcapasos o que, si existen explosivos en gel, cualquier día escuchemos de alguna chica que rellenó las siliconas con explosivo plástico o que se llenó la vejiga con una bomba líquida y, cuando cerró las piernas o se apretó una de aquellas… ¡BUM todo el mundo!, a tomar el té con San Pedro. Esperemos que, al leer esto, no se les ocurra poner a algún perrito a explorar los lugares privados donde pudieran esconderse "materiales peligrosos", porque no sería "políticamente correcto".

El problema es que todas estas medidas varían según el aeropuerto donde uno viaje. Así, mientras en Estados Unidos e Inglaterra solamente falta que aprovechen la revisión para decirnos cómo andamos de la próstata, o que le manden a las muchachitas a sacarse el DIU porque sonó el detector de metales, en países de Centroamérica y Europa, la revisión es mucho menos minuciosa. Tal vez porque el mundo tiene menos cosas que recriminarles que a los "súbditos" de Bush y de Blair.

Lo que deberían entender, es que la mejor manera de evitar estos actos de terrorismo no es inventando métodos de exploración que, al paso que van, nos obligarán a viajar desnudos o, cuando más, con algún body art pintado sobre la piel. Ojalá, quienes propician el "miedo al miedo" como arma política entiendan el mensaje que le acaban de mandar sus propios ciudadanos con la apachurrada que les han dado en las urnas. Seguir usando la "guerra contra el terror" como excusa para violar los derechos elementales de las personas, es tan estúpido como inútil. Esperemos que a los líderes del mundo les entre en el cogote que la violencia, solo engendra más violencia…

El autor es médico

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