| BUS INCENDIADO.
Una tragedia nunca vista en Panamá
Jerónimo Ramírez U.
Hace unos días ocurrió una tragedia en nuestro país que dejó 18 panameños inocentes muertos y varios heridos. Los medios de comunicación transmitían en directo las escenas más terribles que haya visto en mi vida, personas calcinadas dentro de un autobús de transporte colectivo, entre ellas niños inocentes.
Ahora que conocemos algunos indicios sobre la posible causa del incendio, entre los que se mencionan las malas condiciones mecánicas del vehículo, debemos hacer un análisis de la problemática del transporte público en Panamá y sus repercusiones directas ante la sociedad.
Cuando los transportistas adquirieron préstamos por el orden de los 30 millones de balboas en el año 2001-2002 de parte del gobierno nacional para, precisamente, "mejorar "la flota existente, hubo un compromiso de las dos partes, gobierno-transportistas, en donde cada cual debía cumplir con sus obligaciones.
En ese entonces se conformó un cuerpo de inspectores por parte de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre para velar por la seguridad y la revisión periódica de los vehículos del transporte público y de carga. En efecto, las estadísticas revelaban que el 27% de los accidentes que se atendían en los juzgados de tránsito eran responsabilidad de este sector y lo peor es que muy pocas unidades estaban aseguradas.
La tragedia reciente me llena de indignación porque el director de Tránsito había prometido que el gobierno nacional ejecutaría un cronograma de trabajo para la implementación de un sistema moderno de transporte que reemplazaría definitivamente a los "diablos rojos", sin embargo se descuidó la parte preventiva en las calles de Panamá y el desorden vehicular que hoy nos consume dejó como resultado 18 personas inocentes.
La prevención de los accidentes vehiculares no se puede realizar desde oficinas refrigeradas o por control remoto; es necesaria la presencia diaria de los inspectores de la ATTT, sobre todo en horas de la noche cuando muchos irresponsables del volante se pasan las luces rojas, exceden los límites de velocidad y realizan regatas. Los altos funcionarios también tienen la obligación de participar en estos operativos, no a manera de imagen, sino como autoridad encargada de hacer cumplir las leyes.
Por otro lado, no es necesario esperar hasta que se implemente la nueva licencia de conducir para saber si un transportista mantiene un número considerable de boletas. Basta saber que el sistema con el que cuenta la ATTT permite por medio del número de cédula saber de inmediato su estatus, por medio de una computadora portátil o vía radio de comunicación.
Son mecanismos simples que se pueden y deben poner en práctica de inmediato, para iniciar una verdadera cultura de cambio en nuestra sociedad y sacar de circulación a todos aquellos que han adquirido una licencia falsificada.
Otro factor importante es que el revisado vehicular debe ser un dispositivo aplicado bajo la supervisión efectiva de la ATTT y no como se hace en estos momentos donde los mecánicos de talleres, muchos sin conocer el reglamento de tránsito, otorgan el visto bueno a los mismos.
Los panameños nos merecemos un sistema de transporte mucho mejor al actual, en donde las horas de recorrido de un punto a otro no se conviertan en una pesadilla diaria para las personas que viven hacia las afueras de la capital; donde las personas que circulen en sus vehículos no se sientan aterradas ante la presencia inmediata de un "diablo rojo" que amenaza con rebasar por los hombros y chocar a más de uno.
Para que tengamos una idea, en los operativos en que participé como jefe de Estadísticas durante los años 2002-2004 con motivo de la unificación del pasaje, los transportistas acumularon más de cinco mil infracciones, entre las que se destacan: no portar documentos 352 casos, llantas lisas 282, sin llantas de repuesto 256, ruido excesivo 265, sin licencia 113, licencia inadecuada 156, para sólo mencionar algunas.
Al iniciar la administración del Ing. Angelino Harris, el Departamento de Estadísticas fue eliminado y no se le dio más seguimiento a estos casos. La información dejó de ser pública y no quedó nadie que tuviera la voluntad de rendir un informe detallado de los operativos realizados y publicarla en la página web de la institución.
Como he anotado, es cierto que hay muchas deficiencias administrativas en la ATTT, pero si existe buena voluntad, espíritu emprendedor y ganas de trabajar por Panamá para acabar con los malos conductores, se pueden prevenir las tragedias como la ocurrida al autobús 8B-06 que dejó aquel fatídico día, 18 fallecidos.
El autor fue jefe de Estadísticas de la ATTT
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