| SEÑALES.
¿Qué está pasando en Panamá?
Eliseo Castillo V.
Los panameños necesitamos buscar más a Dios. Vienen malos tiempos para Panamá. Dios está mandando señales para que el pueblo panameño se arrepienta del mal, que ore más.
La gente sólo le pide a Dios riquezas, bendiciones, cuando debe pedir amarlo más y que tenga misericordia de nosotros. Solo nos acordamos de Dios cuando tenemos alguna vicisitud.
Lo acaecido con la Caja de Seguro Social, específicamente en el caso de los medicamentos envenenados y la alta cifra de mortandad que han producido; los constantes asaltos y crímenes; la pobreza; la falta empleo y, el hecho más reciente, el siniestro que envolvió al bus 8B-06, en frente del templo Hosanna, en el que murieron 18 personas, y que consternó a la población, no son más que avisos que tienen como propósito la búsqueda constante de Dios y que nos alejemos de lo malo.
Es tiempo de hacer un alto, de hacer el bien por nuestros semejantes, dar de comer a quien más lo necesita y, por sobre todas las cosas, hacer el bien.
Tengo casi dos años de estar congregándome en una iglesia cristiana (Hosanna) donde se predica la palabra de Dios. Para mí fue muy difícil acoplarme al nuevo régimen que es dejar atrás al mundo donde abundan los placeres de la vida.
Fui a Israel a conocer más de las cosas de Dios, la Biblia y todas las grandes adversidades que padeció Jesucristo que fue crucificado en un madero por nuestros pecados.
Hoy me siento un hombre diferente, más feliz, renovado. Lo más importante es que nunca es tarde para dejar las cosas malas atrás. Pidamos la bendición de Dios y que su sabiduría se derrame sobre los llamados a realizar la ampliación del Canal interoceánico para que sea un éxito desde su inicio hasta su culminación. Que todos los panameños seamos beneficiados con dicha obra y así lograr un mejor Panamá en el que ningún panameño padezca hambre ni enfermedad. Que podamos todos acceder con mejores niveles de enseñanza y convertirnos en un futuro, en panameños promisorios, capaces de regir dignamente los destinos de nuestro país, no pensando en el bienestar de unos cuantos, sino en el beneficio de la mayoría, y, por qué no, de todo el país.
Que seamos capaces de amar a nuestro prójimo en un ambiente de cordialidad mutua y así cumplir con el mandato que dejase Jesucristo cuando habitó entre nosotros hace más de 2 mil años.
El autor fue miembro del PRD y actualmente milita en Cambio Democrático
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