| BRASIL ELIGE PRESIDENTE HOY.
Lula tiene gran ventaja
757664Larry Rohter
Río de Janeiro. -Rechazado en las urnas hace cuatro semanas debido a la irritación del electorado con respecto a un escándalo de corrupción y su renuencia a responder a cuestionamientos al respecto, el presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, se dirige a la segunda ronda electoral de hoy domingo con una ventaja que, según todas las encuestas, es insuperable.
Una victoria le garantizaría otros cuatro años en el cargo. Una ronda final de sondeos de opinión pública publicada este viernes muestra que da Silva, ex obrero metalúrgico y líder sindical, derrotaría a su opositor, Geraldo Alckmin, perteneciente al Partido Social Democrático de Brasil, por al menos 60 por ciento contra 40 por ciento. Más de 125 millones de brasileños están registrados para votar en el desempate, que se requiere debido a que da Silva no alcanzó una mayoría en la primera ronda de votación, efectuada el 1 de octubre.
"Todo indica que esta va a ser una sonora e incuestionable victoria para Lula, pese a todos los escándalos", dijo Jairo Nicolau, catedrático de ciencia política por la Universidad Candido Mendes, usando el mote de da Silva. Nicolau dijo que si las encuestas estaban en lo cierto, da Silva duplicaría el margen del abrumador triunfo que lo condujo a la presidencia en 2002.
Alckmin, de 53 años, facultativo y ex gobernador de Sao Paulo, el estado más rico y populoso de Brasil, fue capaz de obligar a una segunda ronda, en buena medida, debido a un escándalo político que se dio a conocer hace muy poco. A mediados de septiembre, la policía aprehendió a operadores del Partido de Trabajadores, al que pertenece da Silva, cuando estaban a punto de pagar 792 mil dólares en efectivo por un informe del que esperaban, al parecer, que incriminara al grupo de Alckmin en una notoria estratagema de corrupción.
Da Silva, quien cumplió 61 años de edad este viernes, ha negado cualquier participación en la truculencia, misma que obligó a la renuncia de su director de campaña y fue, según dijo la policía, organizada por su propio ex guardaespaldas y varios otros subalternos y amigos. Otros escándalos de corrupción que han opacado al gobierno de da Silva a lo largo de los últimos 18 meses ya habían dado paso a la renuncia o despido del jefe del Estado Mayor de da Silva y ministro de Finanzas, así como al presidente, tesorero y secretario general del Partido de los Trabajadores.
En parte, Da Silva ha sido capaz de separarse más de Alckmin en las últimas semanas al catalogarlo como un candidato de un solo tema, que hablaba más acerca de la corrupción que de sus propios planes para Brasil.
Las campañas para el desempate electoral incluyeron relativamente poco en la forma de mítines y marchas convencionales. Más bien, tanto da Silva como Alckmin centraron sus esfuerzos en los medios de comunicación masiva y en la formación de alianzas, algunas de ellas ilógicas en términos ideológicos, con los gobernadores, alcaldes, legisladores y otrosjefes políticos locales que tradicionalmente son los intermediarios del poder en la política carioca.
Esta semana, por ejemplo, da Silva hizo campaña a un lado del heredero de una de las conservadoras dinastías familiares a las que él siempre culpa por la pobreza y atraso de su región natal, en el Noreste. Alckmin, cuyo partido tiende al centro-izquierda, fue censurado por aliarse con el ex gobernador populista del estado de Río de Janeiro, quien nominalmente es un integrante de izquierda como da Silva pero es uno de los principales rivales del mandatario.
Da Silva ha ofrecido solamente una conferencia de prensa formal desde que asumió el cargo en enero de 2003, y también optó por ausentarse de un debate entre candidatos justo antes de la primera ronda de votación. Las encuestas citaron que esa decisión, considerada arrogante, fue una de las razones que explicó su repentino descenso en popularidad, en tanto que durante la segunda ronda de campañas él estuvo mucho más disponible, accediendo a participar en cuatro debates con Alckmin.
El último de esos debates tuvo lugar aquí por la noche del viernes, con un panel de electores indecisos formulando preguntas. Ellos sacaron a colación temas que fueron desde la salud y la vivienda hasta el ambiente y el desempleo, pero la larga lista de escándalos de corrupción, de manera inevitable, también salió a relucir.
"Los escándalos sencillamente no paran", dijo Alckmin, desviando la mirada del panel en una momento dado para encarar directamente a da Silva. Ellos no han aprendido. No han investigado. "Ellos ocultan todo".
Da Silva respondió diciendo que ningún gobierno había hecho más que su administración por acabar de raíz con la corrupción, misma que describió como "un tumor enquistado" en el cuerpo político de Brasil. En sus comentarios finales, él prometió trabajar más duro por los brasileños pobres y se presentó como la víctima de la animosidad de los privilegiados y los ricos.
The New York Times
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