| ¿QUÉ PASA EN PANAMÁ?
Que alguien me explique…
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Vivimos en un país de contradicciones. Son tantas las cosas absurdas que ocurren a nuestro alrededor que se hace difícil decidir de cuál quejarse. Ahí van algunas…
Pasó el referéndum y, como era evidente, el "domingo rojo" que pronosticaban los "no a todo", resultó en un voto "sí" que les pasó por encima como el Real Madrid al Barcelona en el clásico español de ese día. Tal como ocurre en la mayoría de los referendos del mundo, la participación ciudadana fue de algo menos de la mitad de los electores registrados. Lo curioso es que cada quien ha decidido interpretar el abstencionismo como bueno para él y malo para los demás. Los que ganaron dicen que la diferencia era tanta que muchos optaron por quedarse a ver el fútbol en lugar de ir a votar en una contienda donde su voto "no haría diferencia". Otros más "primitivos" dicen que "es obvio" que este pueblo apoya masivamente la gestión del gobierno (no me incluyan por favor…). La oposición alega que se demuestra que casi el 60% de la población no apoya nada que haga el PRD. Los perdedores, que abogaban por el "no", dicen que la ausencia de votantes indica que la ACP "fracasó rotundamente" en conseguir el apoyo mayoritario de la población y que las dudas son tantas que hasta de ir a votar dudaron. Digan lo que digan, el hecho concreto es que votó el 43% de los inscritos en el padrón (en las elecciones para presidente vota alrededor del 80%) y de esos que ejercimos nuestro derecho a ser tomados en cuenta, una proporción de casi ocho a dos optó por ampliar el Canal como fue propuesto. El resultado real es uno solo: hay que echar adelante el proyecto con responsabilidad y transparencia. Como ciudadanos, nos tocará fiscalizar lo que se haga, pero todo indica que los panameños confiamos en nuestro país y creemos en su futuro. Ah… y tanto canciller como alcalde pudieron "mostrar el penacho" con miras al 2009, mientras el tercero en la contienda se prepara para lo que viene matando leones en el Serengeti.
La nota discordante la dieron –como siempre– los irresponsables dirigentes del Frenadeso, que salieron haciendo una serie de ridículas acusaciones que solo ellos ven en sus levógiras alucinaciones (aunque el ex presidente Endara pareciera compartirlas). Que el "sí" tuvo más presupuesto para propaganda era lógico. Inicialmente, este grupejo de pseudos-dirigentes populares (sigo sin creerme que los obreros de la construcción se opongan a esta obra) trató de capitalizar que la ACP y el gobierno tenían limitaciones legales para defender abiertamente el voto afirmativo. Lo que no contaron fue que sus "odiados oligarcas", al hacerse evidente que el "no" apuntalaba sus argumentos en el odio de clases y el rencor social, optaron por hacer lo que saben: invertir recursos para lograr sus objetivos, especialmente cuando hay que oponerse a ese "ñangarismo arcaico" que hace 50 años les produce urticaria. El resultado: el 80% de los votantes no creímos el discurso cataclísmico escarlata que alimenta a estos grupos cada vez más pequeñitos. Ante su irresponsabilidad, la consigna debe ser dejarlos solos con sus anacrónicas pataletas… tenemos cosas más importantes que hacer que atender a esta gentuza.
Mientras, la contaminación de medicamentos del Seguro Social ha destapado una cloaca. Desde el deprimente video de las ratas caminando por el patio del laboratorio, hasta la forma de comprar ingredientes y elaborar medicamentos para uso de los asegurados. Pienso que no hay excusa que justifique la falta de registro sanitario para sustancias de consumo humano. Además, si se alteraron fechas de vencimiento hay mano criminal y debe castigarse ejemplarmente a el o los responsables. Desgraciadamente, en Panamá estamos acostumbrados a que "no pase nada" y que todo quede en el olvido cuando muera el último intoxicado. Pienso que la labor de investigación epidemiológica ha sido buena, sin nacionalismos soberanos ridículos y solicitando ayuda a quienes tienen los recursos para determinar realmente lo que ocurrió. El equipo que ha manejado el problema lo conforman profesionales de reconocida solvencia académica y moral que dan mucha tranquilidad. En cuanto a las autoridades: en un sistema completamente podrido no creo justo echarles la culpa de todo. Ejecutar a alguien solo para calmar a la manada de leones que pide comida no es la solución. Además, estoy convencido de que el peor momento para cambiar la tripulación de un barco es en medio de una tormenta. Deben terminar las investigaciones, resolver el problema y después deslindar responsabilidades y hacer destituciones (si son necesarias). Lo que para mí resulta inaudito es cómo, si para sacar un paz y salvo del Seguro Social, piden copias de pacto social, cartas de representante legal, copias de cédula, certificaciones del registro público y hasta un croquis de cómo llegar físicamente al local de un negocio, una "empresa de papel" puede vender tanques de veneno a la institución sin control alguno. O a alguien le pasaron algo por debajo de la mesa, o la ley no es igual para todos.
Por último, solo mencionar la desgracia del transporte público que sirvió de cámara mortuoria a casi veinte panameños el lunes. Esto no es más que otra evidencia de lo podrido del sistema. Si el Sinaproc había considerado este modelo de buses como peligroso por no tener puerta de emergencia… ¿cómo siguen circulando?... además, no puede ser que un "delincuente vial" con 92 boletas y más de mil dólares acumulados en infracciones siga manejando un autobús que ha estado involucrado en 10 colisiones "como si nada". Encima, no solo los transportistas protestan porque se les exige "de repente" que tengan los buses en condiciones (lo que habían prometido cuando se subió el pasaje), sino que el gobierno les da prórrogas. Todo esto sugiere que nos ha secuestrado una banda de mafiosos que controlan el servicio de transporte y que parecieran tener el país agarrado por "salva sea la parte". Mientras estas cosas pasen, no deben extrañarnos estas desgracias.
Podría alguien explicarme entonces... ¿que está pasando en Panamá?
El autor es médico cardiólogo
Además en opinión
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