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Reportaje especial
Panamá, domingo 29 de octubre de 2006
 

LA EXPLOTACIÓN DE LA HUMANIDAD.

Suave con el progreso

Carlos A. Voloj Pereira

Una buena parte de la culpa de las tragedias y de la siniestra amenaza ambiental, social y política que dificulta la respiración del oxígeno de la libertad y la paz, la tiene el "progreso" manipulado por la vanidad y la ambición desmedida de grupos de hombres que gobiernan la explotación de esa vanidad y pereza de la humanidad.

No se trata de satisfacer una necesidad elemental de los hombres lo que pareciera que mueve el interés de los propulsores de las modas y del "progreso" en todos sus niveles. Si fuera por sólo suplir las necesidades humanas con objetos útiles, de costo moderado, resistentes y no perjudiciales a la salud de los hombres y de la naturaleza humana, quizá no habría mayor problema. Pero el daño está en explotar hasta la enfermiza adicción al lujo, a lo costoso, a lo superfluo y definitivamente innecesario: la aberrante vanidad de la gente.

El planeta tierra está sufriendo las consecuencias de la explotación comercial de la vanidad y la pereza del hombre. El cansancio y agobio humano es abanicado y alimentado por los nuevos inventos del "progreso" de las tecnologías y milagros de los laboratorios de investigación para la comercialización masiva de sus inventos. Ya no basta un automóvil seguro y cómodo para transportarse de un lugar a otro en un tiempo prudente. La vanidad y la pereza de los hombres demanda la "creatividad" calculada del fabricante, quien, precisamente, sabe inducir al comprador o desear "lo mejor", lo más caro, lo que no tiene el otro. De esta manera, se fabrican automóviles innecesariamente costosos, que demandan más elementos químicos y materiales que sustraen de la naturaleza en detrimento de la naturaleza y, por ende, del hombre. Esto se repite en todos los niveles de las exigencias de la vanidad humana: en la vivienda, en el exceso sofisticado del confort hogareño, de la fábrica, del negocio, de la oficina. Ya no es suficiente llegar en pocas horas de un país a otro, ya lo quieren hacer en minutos. Es cierto que la vida es corta y el tiempo es oro, pero no por hacer oro de ese tiempo tiene el hombre que aniquilar su contorno vital. La comodidad debe tener un límite… pienso yo. El ahorro del tiempo no debe enfrentarse al despilfarro de la salud. El progreso debería ser supervisado por los defensores de la salud del planeta. Es muy alto el costo del progreso y es un precio que no hay que pagar necesariamente. ¡Suave con el progreso! En esta era del salvamento del planeta tierra en donde vivimos, el único progreso que cabe es el de la educación, el de la salud, el del aumento de la cantidad y calidad de la alimentación, distribución adecuada e inteligente de la población, preservación de la naturaleza, fomento del arte y la música y, sobre todo, el progreso de la paz.

Soy de opinión de que tanto el hombre como el "progreso" deben transitar por el "Camino Medio", donde no hay que vestirse con pompas ni lujos, sino con decorosa modestia; donde no circulan autos de extravagantes gustos ni indolentes costos; donde los hombres no tratan de avergonzar al otro; donde los manteles no son de damasco y terciopelo, pero sí muy limpios y bien planchados; donde el hombre justo no espera a ver quién saluda primero y donde una felicitación estimulante se da enseguida a quien se la merece; donde el respeto a la dignidad humana y al intelecto está siempre a flor de la mano que se extiende con efusividad; en donde se progresa con la templanza del espíritu más que con la gula del voraz apetito del lucro y la vanidad odiosa.

El autor es abogado, asegurador y catedrático universitario

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Suave con el progreso: Carlos A. Voloj Pereira



 
 
 
 
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