| LA DIMENSIÓN DE DOS TRAGEDIAS.
El país que quisiéramos tener
757654Betty Brannan Jaén
Washington, DC. –El lunes hablé con Alberto Alemán, administrador del Canal, durante un rueda telefónica de prensa con periodistas internacionales. Comencé por felicitarlo por el triunfo decisivo que el referendo representaba para él y para la Autoridad del Canal (ACP), pero Alemán rechazó que el triunfo fuera suyo.
"No", dijo Alemán enfáticamente, "fue un triunfo para el país". Opinó que el debate sobre la ampliación había sido "bueno", aunque se centró "más en el país que los panameños queremos tener que en los aspectos técnicos del proyecto". Ahora, señaló, una gran responsabilidad recae sobre la ACP, y también sobre la sociedad panameña, "para llevar este proyecto a cabo correctamente y mostrarle al mundo que podemos hacer una obra de este tamaño y hacerla bien".
Esa postura me pareció elegante y acertada. Pero después observé que en Washington se está interpretando que el referendo fue tanto un triunfo político para Martín Torrijos como un triunfo democrático para la ciudadanía panameña.
"Aunque este jamás fue un tema partidista, creo que no podemos olvidar la confianza que la Autoridad Canalera y, ¿por que no decirlo?, el gobierno de Martín Torrijos, han desarrollado en Panamá", afirmó Fernando Eleta Casanova, representante panameño en la Junta Directiva del Banco Interamericano de Desarrollo, en una sesión de la "Semana de Panamá" organizada esta semana por USPA (Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá).
"Hay que felicitar al pueblo panameño y al gobierno de Martín Torrijos por la votación del domingo", declaró Charles Shapiro, numero dos de la Oficina de Asuntos Hemisféricos, durante otro evento de la "Semana de Panamá". Minutos después, el embajador norteamericano en Panamá, William Eaton, me dijo que aunque el referendo ciertamente fue un triunfo político para el país, también lo fue para Torrijos, quien a criterio de Eaton mostró "valentía política" en su manejo del tema.
Si la visión de Washington es representativa de la visión internacional, la fe que el pueblo panameño quiso depositar en la ACP con la votación del referendo se ha transformado instantáneamente en arma política para el gobierno, a pesar de que se nos dijo que este tema estaba por encima de la política y de que muchos votaron "sí" a pesar de su desconfianza en el partido oficialista.
Mientras tanto, es innegable que el proyecto canalero ha puesto a Panamá en el mapa. No se cabía en los eventos de Panama Week este año y Juancho Sosa, presidente de USPA en Estados Unidos, señaló que el lunes hubo 2 mil visitantes más de lo usual a la página web de USPA. Empresas de todo tipo ven a Panamá como un boom town y están posicionándose para entrar en la jugada; esta "Semana de Panamá" confirmó que 15 años de paciente labor por USPA están rindiendo fruto. Más allá de la ampliación está el tratado de libre comercio por cerrarse próximamente y múltiples proyectos portuarios, turísticos, de energía, de aviación, y de infraestructura. Hay nuevos planes para Howard y hasta hay nuevas escuelas – la Universidad Marítima Internacional y la Escuela de Hospitalidad. Un analista en la "Semana de Panamá" estimó que cada mil millones de dólares en inversión generan 15 mil empleos; si es así, este frenesí de inversiones al fin hará algo por las clases pobres de Panamá.
Porque es cierto que para mí, buena parte del debate fue sobre el Panamá que quisiéramos tener. ¿Cómo sería ese Panamá? Entre otras cosas, sería un país más equitativo. Sería un país donde la excelencia con que se maneja el Canal sería la regla y no la excepción, con sistemas de justicia, salud, y transporte público que fueran administrados con eficiencia igual que el Canal. Sería un país donde el gobierno no usaría los éxitos del Canal para beneficio político propio, sino que exigiría que sus funcionarios trabajaran con la misma seriedad que los del Canal. Y sería un país donde la muerte por negligencia gubernamental de 53 personas humildes en menos de un mes estremecería la conciencia ciudadana y el estamento político hasta hacer que las cosas cambiaran para siempre.
Midamos bien la dimensión de las dos tragedias recientes: En una población panameña de 3 millones, 53 muertes es el equivalente de 5 mil en Estados Unidos (población: 300 millones), o sea, mucho, mucho más que el total combinado de "Katrina" ( mil 50 muertos) y 9-11 (2 mil 800). La diferencia es que en Estados Unidos, la ciudadanía exige que el gobierno rinda cuentas por las tragedias atribuibles a incompetencia oficial. ¿Es así en Panamá?
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
• Que alguien me explique…: Daniel R. Pichel • Derroche, fiascos, gansadas y desvergüenza: Manuel Díaz • El país que quisiéramos tener: Betty Brannan Jaén • Que no hayan muerto en vano: Miguel Ángel Cáceres Yap • Suave con el progreso: Carlos A. Voloj Pereira
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