Los esfuerzos económicos adicionales que ha tenido que hacer la Caja de Seguro Social para atender la emergencia causada por la intoxicación masiva con sus medicamentos, exigen un cuidadoso seguimiento por parte del Estado y de la sociedad. Un desvío malintencionado podría afectar sus arcas al punto de poner en riesgo el futuro de la entidad. Las pocas cifras disponibles y la magnitud misma de la crisis sanitaria alertan que el impacto es fuerte.
Pero, podría complicarse si se suma el despilfarro económico, la falta de controles y la ausencia de responsables. La atención de la urgencia desde el punto de vista económico merece también especial cuidado, aquí no debe haber el mismo silencio guardado hasta ahora, no sea que -por falta de transparencia- se descubra luego un hueco financiero imposible de tapar.
La lucha por salvar la Caja ha sido un duro golpe, que no se repita esa historia.
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