| CARTAS DESDE EUROPA.
Se habla de retirada
Camilo José Cela Conde
Acaba de plantearse un giro estratégico de altura en la guerra de Irak. Existen indicios de que los países que llevaron a cabo la invasión, Estados Unidos y la Gran Bretaña, están barajando la posibilidad de abandonar el avispero iraquí. Como sucede siempre en una situación de ese estilo, la palabra "retirada" ha sido pronunciada con la finalidad de negarla. De esa manera, abjurando enfáticamente de cualquier posibilidad de salida de Irak, el presidente Bush fue el primero en mencionar —aunque sea a la contra, ya digo— semejante solución.
De inmediato surgieron dentro y fuera de los Estados Unidos las comparaciones con la otra gran retirada norteamericana del siglo XX, la del Vietnam. No es fruto ni de la demagogia ni del oportunismo el traer a colación aquel fracaso de guerra, se trata en ambos episodios de una operación de acoso a un enemigo un tanto difuso —el comunismo internacionalista en el primer caso; el Eje del Mal con vagas referencias terroristas, en el segundo— que apenas ocultaba lo que en realidad era un movimiento geoestratégico de ajedrez en los dos procesos guerreros.
También en ambos casos el envite salió mal. Y en ambos, de nuevo, se quiso fingir que, más que de una retirada, se trataba de la devolución del control político y militar a un gobierno "democrático" y "legítimo" (las comillas son necesarias). El presidente Bush no se ha referido —todavía— a una devolución así, pero las elecciones británicas han obligado a plantear la operación, sugerida por el secretario de Estado Kim Howells. Como serían de claras las señales que el viceprimer ministro de Irak, Barham Sahl, declaró de inmediato a la prensa que Occidente no puede salir corriendo de su país.
Pero a la vez Sahl aceptaba que a finales de este mismo año será el Gobierno iraquí quien deba asumir el control de una parte de las provincias en que se divide el territorio ocupado.
Hablar de control es un eufemismo. Los atentados de cada día dan fe de que en Irak existe hoy una guerra civil entre chiíes y sunitas que convierte en utópica la presunción de que es el Gobierno del país quien tiene el monopolio de la violencia. Ni siquiera queda éste en manos de las tropas ocupantes. Pero la presencia de los militares dirigidos desde Washington y Londres garantiza al menos una cierta apariencia de control. ¿Qué sucederá en el momento en que las tropas expedicionarias sean repatriadas?
Es fácil imaginarlo. Basta con recordar lo que duró la ficción del Gobierno sudvietnamita cuando el último militar estadounidense huyó de manera precipitada. Con la diferencia, en contra de los ciudadanos iraquíes, de que no existe en ese país un Hanoi organizado y capaz de imponer la paz necesaria.
Desde el momento en que se pronuncia la palabra fatídica —retirada— hasta que la operación se hace efectiva pasa tiempo, por supuesto.
Pero cuesta trabajo imaginar otra salida diferente a la crisis de Irak. Mientras las críticas militares y civiles arrecian en los dos países invasores, metidos ambos en unas elecciones complicadas para los respectivos gobiernos, son cada vez menos las referencias a aquella utopía mediante la que se repartió el negocio de la reconstrucción de Irak y se asignaron los dividendos de la exportación de su petróleo.
Nadie habla de negocio hoy. Se habla de retirada, aunque sólo sea por el momento para negarla.
El autor es escritor
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