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A los oídos de Luciani
Mauro J. Zúñiga A.
Durante mi efímero paso por la Dirección de los Servicios y Prestaciones Médicas de la Caja de Seguro Social tuve la fortuna de rodearme de un lujoso equipo de trabajo y, entre todos, diseñar y ejecutar un programa de atención a la salud y a la enfermedad que le brindara a los asegurados el derecho de tener a un médico amigo, que no sólo le atendiera la enfermedad, sino que además, se las previniera, conociendo su familia y su microambiente. Este programa, conocido como el de "médico de cabecera", recibió la aceptación de los profesionales de la medicina y de los asegurados.
Para desarrollar el plan dividimos el área metropolitana en zonas o sectores, dependiendo del número de policlínicas o ULAPS e invitamos a los asegurados a escoger, entre los médicos de su centro más cercano, al que quisiere, con la indicación de que cada médico general o familiar, no rebasara de 2 mil 5000 pacientes bajo su cuidado, cifra que recomiendan los organismos internacionales.
Este plan, que no fue invento nuestro, ya que ha dado excelentes resultados en otros países, fue descontinuando por razones que yo ignoro. No tengo la menor duda de que si se hubiese mantenido, los médicos de cabecera hubieran dado la señal de alarma precozmente en la tragedia que hoy vivimos en la institución.
Me sorprende que las autoridades de Salud, tanto del Ministerio de Salud, como de la Caja de Seguro Social, les soliciten a los pacientes que acudan a su médico, ¿a cuál médico?
No quiero entrar a detallar las ventajas de este modelo, pero quisiera resaltar algunas: el médico conoce a su paciente con lo que se vigoriza la relación médico-paciente; el médico sabe los medicamentos que está tomando su paciente; el médico refiere a su paciente al especialista cuando su criterio así lo indica y recibe de él las orientaciones terapéuticas; cada paciente tendrá un expediente único; si el paciente tiene que acudir de urgencia a un hospital, se le comunica al médico de cabecera. Se establece una confianza mutua, ya que el asegurado, si no logra establecerla, tiene el derecho a escoger a otro profesional. Hay un control sobre las medicinas recetadas y los exámenes enviados, lo que acaba con el abuso. Se acaban con las tediosas filas para lograr un cupo médico, ya que los pacientes gozan de la libertad de acudir a su médico en el momento que estime necesario. Pero en las policlínicas no sólo existen médicos con un número fijo de pacientes adscritos, sino que quedan otros en "ventanilla", es decir, para atender a los que no son del sector o a los pacientes adscritos a otros colegas cuando los mismos están de vacaciones o ausentes por cualquier motivo válido.
El equipo que inició la ejecución de este programa está a la disposición de la Dirección General de la Caja de Seguro Social para dictar talleres, seminarios o cuantas charlas sean necesarias para que las actuales o próximas autoridades médicas conozcan a fondo las bondades de este programa y lo reinicien lo antes posible.
El autor es médico
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