| REFERENDO.
Por qué emitiré un voto positivo
Napoleón de Bernard Sorto
Cuando recordamos los hitos de nuestra nacionalidad, la primera fecha que surge a nuestra memoria, por su trascendencia, es el 9 de enero de 1964. No hay panameño que pueda olvidar aquellas horas de incertidumbre, de ira, de heroísmo y de dolor. Ningún acontecimiento, ni antes ni después, nos unió tanto como ese.
Para esa fecha, yo era estudiante graduando del Instituto Nacional. Algunos de los lectores pudieron vivir la humillación de sentir el sometimiento de un país dentro de otro, con leyes diferentes y en donde prevalecía la del más fuerte, la del coloso del norte.
El Canal de Panamá no era para el beneficio de los panameños; era un bastión bélico con un entorno improductivo, solo servía para proteger los intereses del imperio norteamericano y planificar las iniciativas de intervención militar.
El jueves 9 de Enero de 1964 fuimos un grupo de aguiluchos, dirigentes graduandos, a movilizar las masas resentidas del abuso e incumplimiento de las promesas, acuerdos, tratados y demás compromisos por parte de los diferentes gobiernos norteamericanos. Los institutores marchamos hacia la antigua Zona del Canal, decididos hacer cumplir el acuerdo firmado por los presidentes de ambos países en enero de 1963, el cual señalaba que había que izar la bandera panameña donde estuviera una norteamericana. Los norteamericanos no querían cumplir con ese acuerdo por la soberbia del gobernador y los zonians que representaban una casta privilegiada que disfrutaban de todos los beneficios que ofrecía la vía interoceánica y sus áreas aledañas: la conocida Zona del Canal.
Los jóvenes de hoy no saben ni pueden imaginarse siquiera lo que sucedió en esa fecha. Es preciso recordárselos para que vean cuánto puede el patriotismo y el valor de los estudiantes, cuando no tienen deformaciones políticas, sino que sus actos son inspirados solamente por el amor a su país y el respeto a sus símbolos patrios.
No debemos olvidar nunca a los hombres y mujeres que han servido bien a su patria, que estuvieron, están y estarán dispuestos a ofrendar sus vidas si es el precio que hay que pagar para ver reivindicada nuestra soberanía.
Ahora tenemos una nueva cita con nuestro destino. La zona ya no existe y el Canal es nuestro, gracias a esa generación de jóvenes idealistas y patriotas que queríamos una patria donde no hubieran limitaciones jurisdiccionales, donde no hubiera un Estado dentro de otro Estado, y en la que una sola bandera ondeara a lo largo y ancho de nuestro territorio.
Por eso, queridos panameños, con todo el respeto que se merecen y en mi condición de condecorado por el hito más grande de nuestra era republicana, del 9 de Enero de 1964, les solicito que así como nos unimos para conseguir nuestro Canal y tener un territorio libre, hoy ayudemos a nuestro principal activo a crecer en beneficio de todos los panameños. Por eso, los invito a que votemos sí por un panamá mejor.
El autor es un Héroe de la Nacionalidad Panameña del 9 de Enero de 1964
Además en opinión
• ‘¿Pa’ que se la roben?’: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Por qué emitiré un voto positivo: Napoleón de Bernard Sorto • ¿Expansión, beneficio o cuento?: Gabriel R. Sosa García de Paredes • Pasado, presente y futuro del Canal: Rafael Mezquita • El pueblo necesitado y la ampliación: Rafael Spalding
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