| EL PODER DE LA UNIÓN.
Pasado, presente y futuro del Canal
Rafael Mezquita
Los panameños nos hemos pronunciado con pasión en estos seis meses de debate sobre la ampliación del canal. ¿Por qué? El pasado del Canal, por la carga afectiva que trae consigo, siempre despertó esos sentimientos. Ahora, siendo nuestro y por estar en juego su futuro, el interés por opinar ha sido mayor porque además estamos ante un proyecto cuyos efectos impactarán a las futuras generaciones. El domingo decidiremos sobre el futuro del bien más cercano a nuestros sentimientos pasados y a nuestras esperanzas futuras.
A lo largo de nuestra historia, el Canal constituyó el principal fenómeno sociológico capaz de unirnos. Torrijos lo resumió diciéndonos que era la única religión que unía a los panameños. Así fue en 1903 cuando por él nos separamos de Colombia y lo volvió a hacer durante buena parte de nuestra vida republicana, cuando gracias a él, las tropas estadounidenses nos invadieron, logrando que quienes nos antecedieron se unieran para rechazar tales intervenciones.
Gracias al Canal existió entre nosotros una colonia llamada la zona y para erradicarla nos volvimos a unir durante las siembras de banderas de la década de los cincuenta, antesala a la irrupción masiva del rechazo a la colonia y a sus formas de desprecio que significó la Gesta de Enero de 1964.
Por ese Canal, Torrijos nos convocó a recuperarlo, cuando masivamente votamos que "sí" a los textos acordados en 1977 y ese Canal nos unió el 31 de diciembre de 1999, cuando por vez primera en nuestra historia republicana empezamos a vivir como soberanos y, como tal, dueños de nuestro destino.
También, gracias a ese Canal los niveles de desarrollo y de calidad de vida de nuestra población son relativamente mejores a los de la región.
Hoy, habiéndose conformado un sólido estereotipo cultural del significado del Canal entre los panameños, nos llegó el momento de ejercer nuestra condición soberana y decidir lo que vamos a hacer con él.
Ya que supimos negociar que su traspaso se diera libre de deudas y en condiciones óptimas de operación y a que los peajes cobrados por los norteamericanos fueran inferiores al valor de la ruta -para así subsidiar a su economía- sus utilidades representan la mitad de lo que factura, por lo que el negocio canalero cuenta con un buen espacio para financiar su expansión con recursos propios.
Todas las encuestas conocidas le dan una amplia ventaja al "sí" sobre el "no" para el referéndum del próximo domingo, producto de un arraigado y masivo sentimiento de orgullo y unidad nacional percibido alrededor del Canal. Dirigentes políticos de diversos partidos, así como líderes sociales y amplísimos sectores juveniles han abrazado con pasión el compromiso con su ampliación, porque saben que nos estamos jugando el futuro del país y el de nuestros hijos.
Este pueblo es sabio, juega a ganador y sin duda, lo volverá a demostrar el próximo domingo, y así de nuevo el canal nos volverá a unir.
Con la ampliación autorizada, la próxima semana tenemos el deber de iniciar la construcción de sólidos consensos sociales para que los excedentes del canal sean utilizados como palanca para liquidar con la pobreza en que vive el 40% de nuestra población. Para lograrlo, Naciones Unidas nos convocará a fin de definir las metas y los mecanismos de control y rendición de cuentas para el logro de dicho objetivo, que servirá también para mitigar, entre otros fenómenos, la migración campo-ciudad que podría generar la ampliación del Canal.
El Canal de Panamá, como zanja que une, nos dio de todo. Desarrollo en la metrópoli y pobreza en el campo, riquezas para algunos y discriminación para muchos, orgullo y conflictos, sumisión y coraje, protectorado y nación independiente. Ahora, por primera vez dependerá exclusivamente de nosotros el rol que le queramos asignar a futuro.
El autor es secretario de Metas de la Presidencia de la República
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