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Reportaje especial
Panamá, viernes 13 de octubre de 2006
 

DESARROLLO DE ARMAS NUCLEARES.

El triángulo del este de Asia

Joseph S. Nye

Una vez más, el desarrollo de armas nucleares por parte de Corea del Norte amenaza la estabilidad de Asia. El nuevo primer ministro de Japón, Shinzo Abe, concertó apresuradamente una cumbre en China con el presidente Hu Jintao tras la prueba nuclear norcoreana, reunión en que ambos concordaron en que ésta era "intolerable".

La reunión es un acontecimiento bienvenido. Sin embargo, Abe entra en funciones con una reputación de ser más nacionalista que su predecesor, Junichiro Koizumi, cuya insistencia en visitar el polémico Santuario Yasukuni (donde se encuentran enterrados importantes criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial) contribuyó a agriar las relaciones con China. Si se ha de preservar la estabilidad, es importante que mejoren las relaciones sino-japonesas.

Aunque las ambiciones nucleares de Corea del Norte causan inquietud e inestabilidad, el ascenso de China es el tema estratégico clave en el este de Asia. Durante tres décadas, su economía ha crecido de un 8% a un 10% por año, y sus gastos de defensa han aumentado a un ritmo incluso mayor. No obstante, los líderes chinos hablan del "ascenso pacífico" y el "desarrollo pacífico" de su país.

Algunos creen que China no puede ascender de manera pacífica, y que buscará lograr una hegemonía en el este de Asia, conduciendo a un conflicto con Estados Unidos y Japón. Otros señalan que China ha participado en políticas de "buena convivencia" desde los años 90, solucionando disputas sobre límites fronterizos, jugando un mayor papel en las instituciones internacionales y reconociendo los beneficios de usar el poder blando.

Hace una década supervisé la preparación del Informe estratégico sobre el Este de Asia del Pentágono de EU, que ayudó a orientar la política estadounidense bajo las administraciones de Clinton y Bush. Ya en ese entonces existía un debate entre quienes deseaban contener el creciente poder de China y quienes reclamaban la integración de este país al sistema internacional. No era factible una política de contención, ya que –a diferencia de la Unión Soviética durante la Guerra fría– los vecinos de China no la veían como un peligro claro e inminente. Más aún, tratarla como a un enemigo habría asegurado que se convirtiera en uno, desperdiciando la posibilidad de lograr resultados benignos.

La estrategia que escogimos fue "equilibrar e integrar". El equilibrio de poder del este de Asia descansaría en el triángulo de China, Japón y EU. Al reafirmar la relación de seguridad entre EU y Japón mediante la declaración Clinton-Hashimoto de 1996, Estados Unidos ayudó a estructurar un equilibrio regional favorable, y al estimular al mismo tiempo la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio y otras instituciones, creamos incentivos para un buen comportamiento. De manera que la integración estaba protegida por realismo en caso de que las cosas no marcharan bien.

En gran medida, esta estrategia ha funcionado. El poder militar de China ha aumentado, pero su conducta ha sido más moderada que hace una década. Este país está muy lejos de representar el tipo de reto a la preponderancia estadounidense que representó la Alemania del Kaiser cuando superó a Gran Bretaña a comienzos del siglo XX. En la era de la información actual, la clave para el poder militar es la capacidad de integrar complejos sistemas de vigilancia desde el espacio, ordenadores de alta velocidad y armas "inteligentes". No es probable que China (ni otros países) cierre muy pronto la brecha que tiene con EU a este respecto.

Por supuesto, el hecho de que es improbable que China compita con EU a nivel global no significa que no represente un reto a Estados Unidos en el este de Asia, ni que sea imposible una guerra sobre Taiwan. Si éste declarara su independencia, es probable que China use la fuerza, con independencia de los costes económicos o militares que pueda esperar. Sin embargo, es poco probable que gane esa guerra, y una política prudente por parte de todos los lados puede limitar las posibilidades de que realmente ocurra.

Entonces, ¿cuál es el problema estratégico hoy en día? La estabilidad en el este de Asia depende de las buenas relaciones entre los tres lados del triángulo EU-China-Japón, pero los vínculos entre China y Japón se deterioraron en los años de gobierno de Koizumi. China permitió manifestaciones, algunas veces violentas, contra los consulados japoneses en protesta por los cambios a los libros de texto japoneses que suavizaron las descripciones de la invasión por parte de Japón en los años 30. Después de que 22 millones de chinos firmaran una petición contra la entrada de Japón al Consejo de Seguridad de la ONU, el primer ministro Wen Jiabao anunció la oposición de China a este paso.

China también objetó las declaraciones de Japón acerca de Taiwan, y existen disputas territoriales sobre pequeñas islas y potenciales reservas de gas natural cerca del límite marítimo entre ambos países.

Sin embargo, el tema más difícil ha sido las visitas de los primeros ministros al Santuario Yasukuni Shrine y, hasta la llegada de Abe, China se había mostrado reluctante a participar en cumbres con Japón mientras estas visitas continuaran. Aunque China se ha convertido en el mayor socio comercial y de inversión directa de Japón, los nacionalistas de ambos países han azuzado al extremismo mutuo, mientras sus gobiernos juegan con fuego.

Los intereses estadounidenses se basan en la estabilidad regional y en la continuación del crecimiento del comercio y la inversión, de modo que el presidente George W. Bush podría decirle calmadamente a Abe que acogemos con beneplácito las buenas relaciones entre Japón y China, y que las visitas de primeros ministros al Santuario Yasukuni Shrine socavan los propios intereses de Japón en el Este de Asia. Recuerda más al repulsivo Japón de los años 30 que al atractivo Japón de hoy.

Al mismo tiempo, EU puede mostrar cautela en cuanto a hacer participar a Japón de los problemas relacionados con Taiwan –un punto neurálgico para China–, mientras estimula el desarrollo de instituciones asiáticas que aumenten los contactos y amortigüen los conflictos, como la Cumbre del Este Asiático, dar nuevo impulso a la Organización de Cooperación de la Región Asia-Pacífico (APEC), y la evolución de las conversaciones entre seis partes acerca de Corea del Norte, con miras a la creación de un Diálogo Permanente sobre la Seguridad del Noreste de Asia.

Afortunadamente, hay signos de que tanto China como Japón están intentando dejar atrás el impasse de los últimos años. Si bien Abe ha mantenido su postura acerca de Yasukuni, su cumbre con el presidente chino Hu Jintao fue un prometedor paso en la dirección correcta. Por su parte, algunos analistas chinos reconocen el peligro de estimular demasiado nacionalismo ante Japón.

EU debería tratar de estimular estos pasos. La alianza entre EU y Japón sigue siendo crucial para la estabilidad en el este de Asia, pero para hacer un triángulo se necesitan tres lados.

Project Syndicate. El autor es profesor en la Universidad de Harvard

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