| CRISIS EN EL SEGURO.
Queremos la verdad, ¡y rápido!
Maritza de Barsallo
Como panameña, más que preocupada por el síndrome de parálisis e insuficiencia renal Aguda (Pira), me siento indignada por la forma como se están llevando a cabo las investigaciones, las informaciones que se publican en los medios de comunicación, pero, sobre todo, por las conferencias de prensa.
Me siento indignada porque cada vez que termina una de esas conferencias de prensa, quedan más dudas de las que teníamos los panameños antes de iniciar la conferencia y no veo a ningún periodista ir al punto en sus cuestionamientos o, por lo menos, no capitalizan o no sacan conclusiones de lo que han escuchado antes de hacer su próxima pregunta. Por ejemplo: en la conferencia de prensa del lunes 9 de octubre, uno de los panelistas, a la pregunta formulada por un periodista, sobre la fecha en que se comenzó a repartir el Lisinopril, éste contestó que en el mes de agosto. Luego de varios cuestionamientos, otro periodista preguntó la fecha en que detectaron el primer caso del síndrome, a lo que se respondió que en el mes de julio. Lo lógico entonces, es que algún otro periodista sacara conclusiones y preguntara: señores, ¿cómo es posible que el Lisinopril sea el responsable del síndrome si, según ustedes mismos, se presentó un caso en julio, o sea, un mes antes de que comenzaran a repartir el medicamento, o sea, en agosto? Si hay pacientes que se han restablecido, ¿qué medicamentos les dieron y por qué no aplican medicina preventiva a las personas que estuvieron expuestas?
Otra pregunta obligada sería: ¿Por qué en ningún lugar se ha publicado la lista de las personas afectadas por el síndrome? ¿Será por una simple omisión o será porque no conviene darla, pues, se podría destapar una olla de grillos? Me llamó la atención que el domingo me encontré con una persona conocida cuya madre había muerto. Al darle el pésame, esta persona contó que su madre estaba perfectamente y que, de pronto, comenzó a presentar los mismos síntomas del Pira, muriendo posteriormente en el Hospital del Seguro Social. Sin embargo, él no sabía si su madre estaba incluida en la lista de los afectados por el Pira. Igual situación narra mi empleada doméstica sobre dos pacientes que trajeron de Cañazas, e igual comentario hace una compañera de trabajo sobre el fallecimiento de su madre. ¿Será pura casualidad que personas a mi alrededor me hayan contado de cuatro posibles casos o será que esto le está pasando a toda la ciudadanía? Tengo una gran duda sobre esto. Bien harían las autoridades en, por lo menos, publicar esa lista que tan celosamente guardan.
Por otro lado, ¿por qué no se ha permitido una comisión investigadora, con personas notables e independientes de este país? Si no hay nada que esconder, ¿por qué quieren ser juez y parte en la investigación? ¿Por qué ante un problema tan serio marchan tan lento las investigaciones?
La autora es ciudadana panameña
Además en opinión
• Bonanza y…: I. Roberto Eisenmann, Jr. • ¿Descubrimiento o salvajismo?: René Hernández González • El Canal de Panamá frente a la cultura de la pobreza: Ana Elena Porras • Los mártires de octubre: Roberto Luciano Sánchez Vallarino • Queremos la verdad, ¡y rápido!: Maritza de Barsallo
|