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Reportaje especial
Panamá, viernes 13 de octubre de 2006
 

LAS CUMBRES SIGUEN.

¿Descubrimiento o salvajismo?

René Hernández González

Corría el mes de julio de 1991. Los presidentes y jefes de estado de Iberoamérica habían sido convocados por el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. Los líderes hispanos fueron llegando al aeropuerto internacional de Guadalajara, estado de Jalisco, el mismo sitio donde afirman que allí nadie se raja; una tierra habitada por los meros machos.

La razón principal de ese encuentro era preparar el terreno para celebrar, en la capital española, al año siguiente, los quinientos años de lo que se llamaba antes el descubrimiento de América. Los reyes de España no podían faltar; eran, junto a Fidel Castro, de Cuba, los actores principales de propios y extraños, incluyendo los mil periodistas que se dieron cita, para cubrir el acontecimiento.

Ya iniciados los actos protocolares, uno a uno fueron desfilando los dirigentes de Iberoamérica. Se tuvo como norma que cada presidente o primer ministro diera un saludo de bienvenida de unos quince minutos, para lo cual debió llevar un discurso preparado. Primero abrió el telón el anfitrión de la cumbre, Carlos Salinas de Gortari; luego le pasó la guitarra al rey Juan Carlos, al primer ministro Felipe González, Guillermo Endara Galimany, etc., etc.

¡Sorpresa! El mandatario guatemalteco, Jorge Serrano Elías, ¡sí!, ese que tiene a Panamá como su segunda patria; de manera firme, elocuente y apartándose del guión se dirigió a los presentes con más o menos estas palabras: "Su majestad Juan Carlos, colegas presidentes, hoy nos tienen reunidos aquí, para que juntos nos veamos las caras el otro año, es decir, 1992, en Madrid España, para recordar el descubrimiento de América. Me pregunto, ¿qué se descubrió aquí en nuestra tierra? Los españoles llegaron aquí, representando a lo peor de Europa; llegaron a maltratar a nuestros indígenas, a violar a nuestras mujeres, a realizar experimentos como si fueran animales; nos saquearon y acabaron con una cultura mucho más inteligente que la que vino".

Recuerdo que estaba detrás del presidente Endara y no salía de mi asombro. Era consciente de que Serrano Elías estaba diciendo una gran verdad, pero, tal vez, no era el sitio más indicado para hacerlo. Mientras cada palabra salía de sus labios, un silencio profundo se apoderaba de los presentes; y el rey español, a pesar de la fuerza de una verdad que se ha repetido en algunas latitudes, mantuvo la calma, la serenidad.

Por lo menos alguien reivindicó a los verdaderos dueños de estas tierras; ¡sí, señores! Jorge Serrano Elías dejó en vilo a sus colegas y al final de sus palabras recibió un aplauso protocolar que fue interpretado por mí, como una acción diplomática muy cercana a la hipocresía. Para fortuna de los reyes, del México anfitrión y los demás mandatarios, ese acto no fue transmitido por televisión.

Cuando todos pensábamos que la cumbre Iberoamericana terminaba con la ceremonia de Madrid, Barcelona y Sevilla, los líderes tomaron la decisión de reunirse una vez por año, alternando la sede. Se impuso como dinámica la lectura de los mensajes de bienvenida, con libreto en mano; el único que improvisaba era el finado Joaquín Balaguer, quien a falta de visión, no le quedaba otra que darle rienda suelta a la imaginación. Era el único que duplicaba y hasta triplicaba el tiempo concedido a los demás.

No sé por qué en Panamá se permitió que las plenarias se transmitieran en vivo. Aquí rompimos la regla en 2000 y vimos cómo un cachorro salvadoreño se enfrentó a una fiera cubana en decadencia. Había que estar allí para certificar las discusiones de fuerzas políticas antagónicas. Recuerdo, en 1993, en Brasil cómo Saúl Menem, de Argentina le decía a Fidel Castro, "comandante, comandante, cuándo va a permitirle a su pueblo que pueda elegir de manera libre a sus gobernantes". Un Fidel reflexivo le contestó: "no sé por qué se preocupa tanto por la permanencia mía en el poder; el pueblo cubano elige y me ha dado esa potestad; mire colega, por qué no le pide al Rey Juan Carlos que le ceda el poder a otros. Yo le aseguro que hay Rey para rato; y en el caso mío, en cualquier momento me voy".

Las cumbres siguen; lástima que me aparté de ellas desde 1994. Mucho me gustaría estar allí para ver cómo se comporta el clon de Fidel Castro; ése que le anda prometiendo petróleo a cuánto dirigente se le presenta en el camino.

El autor fue secretario de prensa de la Presidencia de la República.

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