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Reportaje especial
Panamá, viernes 13 de octubre de 2006
 

USAR LA CABEZA MÁS QUE LA EMOCIÓN.

Bonanza y…

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Mi padre solía decir: "recordemos que los tiempos buenos se acaban… y los malos también".

Nuestro país vive hoy una inédita bonanza en la industria de la construcción, generada por el hecho de que el mundo parece haber "descubierto a Panamá". Se ha generado un incremento, no sólo en el turismo vacacional (antes recibíamos más que nada a visitantes de negocios), sino que se ha desatado también el llamado "turismo residencial" de gente del Norte que compra apartamentos y casas con la intención de convivir con nosotros a tiempo parcial o completo.

En términos económicos, el "residencial" genera un impacto mucho mayor que el turismo corriente, ya que los gastos no son de días, sino de años, en lo que se convierte en una inesperada industria de exportación. Tiene la ventaja adicional de haber convertido muchos sitios de nuestro interior en inesperados polos de desarrollo económico.

Pero, como ya es sabido, la industria de los bienes raíces es de grandes ciclos de bonanzas espectaculares … seguidos por paralizaciones igualmente espectaculares. La gran pregunta es cuánto durará la bonanza… y si hay acciones que se pueden tomar para moderar la cosa para que se extienda lo más posible… y que cuando venga el ciclo negativo sea lo menos dramático posible.

Antes que nada, hay que decir que nuestro mercado es el de los baby boomers del primer mundo, y que es de un tamaño casi ilimitado para un país del tamaño del nuestro, así es que el problema no es el tamaño del mercado sino más bien cuáles son los factores psicológicos positivos –y los negativos– que en un momento dado pueden afectar el proceso de decisión de los actores de este nuevo e ilimitado mercado.

Los factores positivos de nuestro país son bien conocidos, al igual que nuestras ventajas competitivas, así es que no me dedicaré a ello. Habrá que adicionar el impacto psicológico positivo que tendrá la aprobación de la ampliación del Canal. No hay forma de medirla, pero considero que será sustancial y con capacidad de extenderse por ser un proyecto que tomará de 7 a 8 años… y será noticia internacional positiva por mucho tiempo.

Algunos factores negativos podrían ser: problemas técnicos con potencial catastrófico en edificaciones de 100 y más pisos (ejemplo: que no estemos usando las pruebas de túneles de viento tal como exigió Gehry con el Museo de la Biodiversidad, por la forma de los techos)…que el atraso de la infraestructura haga invivible la ciudad… y que no logremos disminuir los problemas de seguridad. Hasta ahora, en seguridad estamos mejor que los vecinos, pero hay que procurar mucho más que eso. Por falta de equipo los proyectos pueden atrasarse un año o más, desilusionando a los compradores… o que no se desate algún otro escándalo de corrupción que nos ponga en las primeras planas internacionales en negativo.

Sin embargo, creo que el peligro más grande es que los creadores de proyectos caigan en la tentación de vender una proporción demasiado alta a compradores especulativos que no tienen la intención de ocupar las unidades (los que convienen son los que compran para ocupar (en inglés los end users). A Coronado han llegado especuladores con la propuesta "te compro 10 unidades si el precio es…"; nuestra respuesta ha sido "te vendo una", pues no queremos un edificio vacío dedicado a la especulación.

Hasta ahora, parece ser que los compradores de EU y Canadá vienen con la intención de ocupar, y que los europeos son más de tipo especulativo; estos pondrían sus unidades en venta dentro de 6-12 meses y si no se venden ellos mismos iniciarían el ciclo psicológico negativo; "compré en Panamá y me ha ido mal… no he podido vender"…

"Tuve que perder mi depósito porque no se vendía" …". "La cosa no es cómo pintaba"… etc. Solución a tiempo: que la propia industria limite compradores especulativos a, digamos, 25% de los proyectos; que los pagos iniciales sean mayores y que los bancos exijan mayor % de preventa a los proyectistas.

Estamos a tiempo para no permitir que los especuladores maten la gallina de los huevos de oro. ¡Pongan atención, proyectistas y bancos!

La bonanza puede durar mucho si usamos la cabeza más que la emoción.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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