| LA CINTA COSTERA.
¡Volvieron los mariachis!
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Les prometo a mis lectores que haré todo lo posible por informarme de todo lo relacionado con la Cinta Costera y la ampliación de la Avenida Balboa, para entonces emitir una opinión razonada y detallada sobre las mismas.
Hoy solo quiero alertar a la ciudadanía –a brocha gorda– respecto a potenciales problemas, así:
Número uno: Volvieron los mariachis de ICA y tienen a quien fuera el ministro que les permitió hacer lo que les dio la gana en un gobierno anterior, quien luego se trasladó del ministerio a la planilla de ICA sin vergüenza alguna… quien ahora es asesor presidencial de Martín Torrijos debido a una amistad muy estrecha y se cuenta que hasta una relación comercial en República Dominicana. Resultado: ahora quien hace la propuesta no es el Gobierno, sino ICA. ¿Por qué?... porque pretenden hacer la multimillonaria obra sin ir a licitación con el cuento de que es una "extensión" del Corredor Sur… ¡la gran flauta!
Mucho, pero mucho cuidado, Sr. Presidente. No vaya usted a iniciar con esta operación su rodada cuesta abajo en el tema de la corrupción. Recuerde su lema: ¡Cero es cero! Las apariencias de esta obra comienzan a oler a podrido.
Dos: Cinta Costera, sí. La ciudad requiere de ese desahogo humano y pulmón verde, pero sin las "pequeñas construcciones" de que habló José Batista. En nuestro país las "pequeñas construcciones" son tumores horrendos que hacen metástasis y terminan por tragarse los parques. Y ¿por qué con una carretera de tránsito rápido a un costado? Desahogo y tránsito rápido es un oxímoron. Todo esto me suena a una ñamería absoluta y total para favorecer a los mariachis.
Tres: El activo más importante de la ciudad de Panamá es su bahía. Ya bastante daño le hemos hecho con el Club de Yates y sus "complementos", y estacionamientos en el mar. Según el plan que se comenta, estas estructuras se repetirían más mar adentro para no afectar la nueva extensión de vía rápida… o sea, que se van comiendo la bahía por pedazos. El gobierno debería negociar la compra de –o expropiar a– el Club de Yates y que éste se reubique en Amador o Diablo. Si fueran yates en el agua sería hasta bonito, pero eso es algo que no es posible en el Pacífico, con 18 pies de marea; con lo que terminamos fue con una colección de horrendos garajes incrustados en la mitad del activo más precioso de nuestra ciudad. Hay que pensar en el bien común... ahora más que nunca debido al boom de construcciones que se ha desatado en la ciudad.
En conclusión: Cinta Costera, sí… y aprovechando para limpiar la costa. Es necesaria, pero sin "pequeñas construcciones" y sin vía rápida automovilística. Lo que se haga (y hay muchas otras opciones) siempre debe hacerse por licitación pública cumpliendo con todas las de la Ley, sin la música mariachi. Se puede hacer –cueste lo que cueste– por valorización, cargándole el costo a las miles de viviendas de alto valor de Paitilla, Avenida Balboa y Punta Pacífica.
Recomiendo que se escuchen las voces de los arquitectos Rodrigo Mejía-Andrión y Álvaro Uribe, un planificador urbano que tiene años de estar estudiando nuestra ciudad en positivo, pero con un enfoque humano.
Concluyo inicialmente que hay que poner el pie en el freno. Hay que eliminar por completo que esto es una "extensión" del Corredor Sur... ¡falsa justificación para asignar el trabajo a ICA sin licitación pública! El proyecto debe desarrollarlo el Mivi-MOP en consulta amplia con expertos nuestros y con la sociedad. Hay que poner atención a la propuesta que anota Rodrigo Mejía Andrión de la organización de una "Alianza Pro Ciudad" (desde ahora sumamos a la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana a la misma).
Además, todos deberíamos participar en el Foro "Una Ciudad para Vivir", el miércoles 25 de octubre a las 7 p.m., en Ulacit.
La ciudad es nuestra. Apoyemos su crecimiento enfocados en la calidad de vida de los seres humanos que la ocupamos. Hay muchas opciones y el enfoque debe ser integral.
Me encantan los mariachis y el tequila para compartir socialmente con amigos, pero, definitivamente, no para que nos empujen carreteras sin licitación.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
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