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Reportaje especial
Panamá, viernes 6 de octubre de 2006
 

AMPLIACIÓN DEL CANAL.

Las cuentas de Quique Batista: Roberto Brenes P.

Roberto Brenes P.

Esta es la narración de cómo Quique Batista Jaén construye el financiamiento de su chiva escolar; proyecto, a su manera, similar al ensanche del Canal. Esta historia se dedica a los que como Quique, estuvo confundido y atemorizado ante el futuro.

El alba pesca a Quique dándole vueltas a la compra de ese busito de sus sueños con que va ampliar el número de muchachos que lleva al colegio entre el Membrillo y la Trinidad. Aunque tiene el negocio bien estudiado y promesa de plata de los bancos, los vecinos lo tienen asustado; Quique –le dicen– "esos cálculos tuyos son muy arriesgaos... además, si te vas a endeudar puedes acabar perdiendo todo, hasta tu casa". Otros como Saúl Miranda y un medio pariente, Genaro Jaén, le insisten. "Quique, no metas tu plata en la chiva, gástatela en escuela y salud ya".

En estos desvelos Quique encara sus temores. Después de muchas vueltas razona que lo que expresan Genaro y Saúl no tiene sentido; "cómo voy yo a meter mis esfuerzos y la poca plata que saco del negocio, en mi vieja Bella y los chicos ahora; eso es pan hoy y hambre mañana. Además, ¿qué plata? Ningún banco es tan zoquete para prestame pa gastá…me la dan pa invertí". Y se pregunta "¿no le sirvo mejor a los niños y a doña Bella después; con el negocio parío, dando más para todos?".

Pero quien más enredado lo tiene es su cuñada, la Ñopa, que a diario le dice "acuérdate que donde mama, Lito también tenía idea de bus y a la hora de la verdad los costos p´arriba y quedó limpio" . La historia halla eco en otros parientes y vecinos. Con respecto a los costos Quique está seguro. Los ha calculado para arriba y para abajo y le ha pagado no pocas cervezas a Agapito, un profesor de contabilidad para que le verifique sus garabatos y el colchón de imprevistos que le puso al bus. Pero, aunque los criticones no ponen nada en blanco y negro, Quique admite que "hay cosas que hace el diablo".

De tener su proyecto aumentos no previstos, a Quique no le preocupa su casa ni sus otros bienes. Su arreglo con el banco es claro, solo la chiva responde por el préstamo. Lo que sí le preocupa es que un aumento le requiera abonos adicionales al préstamo y se vea obligado a recortarle lo que pasa a la economía doméstica todos los meses. Y ahora es más porque, desde la última vez que subió el pasaje, Bella se puso dura y ahora le quita nada menos que 700 cocos. Así, si los costos del proyecto no fueran 52 mil 500 balboas como calculó, pero fueran 70 mil que es lo que le grita la Ñopa o hasta 90 mil como se atrevió a asegurar un "bachiche" que estuvo de paso, el bus podría meterlo en problemas.

Pero ¿son las cosas así de malas? Si de verdad el proyecto llegara a la absurda cifra de 70 mil balboas y Quique no hiciera ninguna otra cosa para remediarlo, a la casa tendría que reducirle 300 balboas de los 700 que le da; ¡más de 40%! Pero vistos esos 300 en función de todo el ingreso de la casa, el sueldo de maestra de la vieja, la plata de la finca y los realitos del ahorro todo lo que suma, aunque parezca mentira, 10 mil cocos, los 300 son solo 3% del ingreso familiar. "Y si no nos podemos amarrar la correa por esa plata para salvar la chiva, no valemos ná", rezonga Quique.

Pero en el fondo a Quique no le gusta esa opción; es faltarle al propósito original del proyecto; dar mayor bienestar a largo plazo. Sería darles razón a Saúl y Genaro. Así cavila: "a lo mejor Agapito tenía razón". Ayer, después de la quinta cerveza, le llamó "exagerado" porque le pedía la plata al banco a solo 18 meses; "proyectos como el tuyo se pueden financiar a dos y cuatro veces más plazo". Y para saber si lo de Agapito no eran cuentos de borracho, Quique volvió al banco.

Allá, las cosas le quedaron claras. Una, que el préstamo no es otra cosa que "plata alquilá". Los intereses son la renta; que se cubren con el flujo de la chiva. Una vez oyó a un señor Champaña –o algo así– decir que una cosa son los costos y otra la inversión; así que si tuviera que contar los intereses en la inversión inicial de la chiva, también debería poner los ingresos en ese cálculo y seguro saldría mucho mejor que tablas. Además, en efecto, el banco podría llevar el proyecto hasta 72 meses; tenía flujo de sobra con la ruta. Con el nuevo plazo podría pagar una letra más baja. Así, si los costos se le disparaban, con mayor tiempo de pago la letra del banco sería igual y hasta menor que el pago que hubiese hecho a 18 meses y si el proyecto solo costase lo planeado. Ahora el colchón estaba de su lado… "no vaya a ser una vaina".

Y si el diablo nunca apareciera y el proyecto costara lo que debía, nada le impedía prepagar el préstamo más rápido; no fuera Bella a darle otro sablazo cuando se diera cuenta. ¡Mujer del diablo!

El autor es presidente de "Sí al Futuro"

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