Seis millones de dólares no parece un incremento exagerado en el presupuesto anual de un órgano del Estado, salvo que este sea la Asamblea Nacional. Esta corporación, cual monstruo de 78 cabezas, come presupuesto en la misma medida y a la misma velocidad en la que su imagen y credibilidad caen en picada: según las últimas encuestas, el 75% de los consultados cree que es poco o nada eficiente y el 88% considera que de su interior brota corrupción.
Estos datos deberían ser suficientes para que los diputados no pidieran ni un centavo más, pero el hambre por los dineros públicos parece insaciable y les lleva a estas peticiones que, por muy justificadas y legales que pretendan ser, suenan excesivas y salidas de tono.
Mientras continúen los excesos, la ineficiencia legislativa, los injustificados privilegios y su distanciamiento del país real, lastimosamente será así. Por el bien de la institucionalidad del país, la Asamblea tiene que recuperar su dignidad, pero los menos interesados en ello parecen ser sus propios integrantes. |