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Reportaje especial
Panamá, viernes 29 de septiembre de 2006
 

UN PROCESO COMPLEJO.

Evaluación y calidad educativa

Cristóbal Martínez R.

En todas las disciplinas y actividades del diario vivir, es importante que siempre, al final de cada gestión, se realice una evaluación de los diferentes aspectos presentados en el tratamiento del tema o la actividad programada, para lo cual, se hace necesario disponer de una serie de instrumentos que permitan obtener y conocer con claridad, los avances y contenidos que en la materia respectiva se plantean.

La evaluación, considerada como el proceso de obtener información y usarla, con el fin de formar juicios para la toma de decisiones, deja de ser dentro del ámbito educativo, la simple transmisión de información y conocimiento para transformarse en un proceso personal, donde cada alumno es un ser único.

Así es como la evaluación educativa plantea la necesidad de señalar y calcular el valor de algo, estimar y apreciar desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo la acción educativa.

Aunque existen varias definiciones sobre evaluación consideramos que las más importante es aquella que la define como "la etapa del proceso educativo que tiene como finalidad comprobar, de manera sistemática, en qué medida se han logrado los objetivos propuestos con antelación"; se pretende así que la educación sea un proceso sistemático, destinado a lograr cambios duraderos y positivos en la conducta de las personas.

En este sentido, los procesos evaluativos suponen en el contexto, determinar los objetivos, potencialidades, condiciones y medidas de realización al momento de planificar una acción.

De allí que las funciones evaluativas están representadas por tres categorías: la predictiva, inicial o diagnóstica, que trata de determinar el nivel y características del alumno previo desarrollo del programa; la formativa, que se efectúa al finalizar cada tarea de aprendizaje y tiene por objeto informar sobre los logros obtenidos; y, la tercera, es la sumativa, la cual establece una estructura que permite, al final de un programa o curso, conocer el avance logrado.

Sin embargo, cuando se plantea el concepto de evaluación como parte de la calidad educativa, tal como se expresa en el ámbito educativo, se determina un proceso de cambio o programa en cuyo contexto, el problema de la eficiencia y eficacia adquieren un relieve importante.

Ahora que en el sector educativo nacional surge la discusión sobre el mejoramiento de la calidad de la educación, es imprescindible e impostergable la creación de un nuevo sistema nacional de evaluación de forma integral, que permita medir tanto a docentes como los diferentes elementos que influyen y afectan el proceso de enseñanza aprendizaje.

Por tal motivo, a partir de la Conferencia de Dakar celebrada en el año 2000, en África, sobre educación, la Unesco estableció que el proceso evaluativo trasciende el ámbito de los aprendizajes; produciéndose un cambio importante a pesar de que los aprendizajes ocupan un papel prioritario dentro de la metodología establecida en el proceso de enseñanza aprendizaje, además se amplía el campo de la evaluación hacia los sistemas, resultados, procesos, prácticas docentes educadores, centros educativos y otros.

Es necesario, indican los estudios sobre evaluación, que los centros educativos desde el punto de vista de la calidad, se constituyan en sitios que representan un medio para lograr escuelas eficaces y de calidad, a través del establecimiento de un sistema que coadyuve a controlar, valorar, y tomar decisiones dentro de un proceso continuo y sistemático que permita avanzar hacia la edificación de una efectiva educación.

El autor es periodista

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