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Panamá, viernes 29 de septiembre de 2006
 

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Formación permanente y autoformación

Hipólito Gill Suazo

La formación permanente –o continua como se denomina comúnmente– es una modalidad de capacitación que permite a los profesionales (abogados, médicos, ingenieros, administradores, etc.) e incluso a los que ejercen un oficio de estar constantemente actualizados en los cambios de sus respectivas actividades o disciplinas. Nos estamos refiriendo a la formación pedagógica o andragógica –como prefieren denominarla algunos– de los adultos, sin perjuicio de que creamos también que la educación permanente incluye a los jóvenes, aun cuando esta población pueda tener otros intereses.

Esta formación continua se origina en la necesidad de enfrentar los cambios y avances que van produciéndose en los diversos saberes y sobre los cuales la educación formativa –llámese universitaria, superior o técnica– no puede, por razones obvias, comprender o abarcar. Las instituciones y las empresas miden muchas veces el éxito de su actividad o la eficiencia de su servicio alrededor de la capacitación de sus empleados o funcionarios. Esta formación es, en este sentido, una exigencia de actualización de conocimientos y un espacio de comunicación e intercambio profesional y técnico de los recursos humanos que permite revisar y evaluar prácticas cotidianas tendientes a "mejorar" o perfeccionar el servicio que se ofrece a los clientes o usuarios.

Esta formación es una plataforma instalada para perfeccionar a los empleados o funcionarios en los problemas que presentan sus respectivas funciones o tareas, que en el mejor de los casos se refleja en una infraestructura administrativa y académica que ofrecen a sus funcionarios las propias instituciones. La formación continua se distingue de la formación tradicional, entre otros aspectos, por los contenidos, objetivos y proyecciones, pues en el caso de la capacitación permanente se trata de llenar necesidades reales o prácticas que requiere el servicio que se presta a los usuarios y no información general en la que está interesada la formación tradicional, como por ejemplo, la educación universitaria, pese a la crisis –aparente o real– de la educación superior.

Al lado de estas dos modalidades de formación se ha puesto de manifiesto la autoformación, como una nueva forma de aprendizaje que permite al usuario identificar e imponerse directamente por sí mismo del conocimiento requerido y que pueda resolver más satisfactoriamente sus necesidades o inquietudes. Se trata –como ha dicho Joffre Dumazedier– de un "método" de transmisión de saberes que permite a cada uno –ejecutivos y empleados– de poder aprender a lo largo de toda su vida. Es un "entrenamiento" mental que suscita en cada grupo el deseo y la capacidad de autoformación individual y colectiva para reducir las desigualdades que las complejidades de las sociedades modernas cambiantes reconstruyen sin cesar. Es también un cuestionamiento permanente que libera prejuicios, concepciones y genera nuevas reflexiones, por lo que implica un replanteamiento del conocimiento aprendido.

La autoformación o el ejercicio de aprender a aprender no significa el fin de la escuela tradicional ni tampoco de la educación continua. Es otra o una nueva escuela que permite enfrentar la necesidad social que demanda día a día la reactualización de los conocimientos y que implica de alguna forma completar los esquemas de la educación formal o continua. Por otra parte, la autoformación es una modalidad de educación incluyente, pues, como lo enseña la sociología, es un proceso individual que conlleva aprender del autor y también de los propios auto-formados, es decir, es una modalidad que posibilita, debido al carácter social de la educación, compartir el conocimiento adquirido, pues no hay que olvidar que en este caso en particular, determinados individuos o sectores no tienen, por diversas causas, acceso a los nuevos conocimientos (tiempo, disponibilidad, económicas, etc.). A fin de cuentas, es una suerte de aprendizaje que se distancia de la transmisión "autoritaria" del saber que se producía de las antiguas a las nuevas generaciones, a que hacía referencia Emile Durkheim, como ha puesto de manifestación Joffre Dumazedier. Es, por lo demás, una necesidad apremiante de la población que cada vez requiere estar informada de los "avances" que el mundo "moderno" le está imponiendo y que, al parecer, no solo no se detendrá sino que incluso, adquirirá mayor complejidad.

El autor es docente universitario


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