| LA MORDIDA DEL DÓLAR.
El bautizo social
Guillermo Ledezma Bradley
Los pecados de la clase política panameña son innumerables, pero el que alcanzó la condición de inconfesable es la mordida del dólar, en comparación con aquel bocado que Eva probó y que representa el simbolismo de lo inmediato frente a lo meritorio. Ese bocado y la debilidad de Adán nos condenaron a ganar el pan con el sudor de nuestra frente, pero el bocado que la clase política se ha echado al bolsillo durante toda nuestra vida republicana nos condenó a una pobreza social injusta. Aunque quizás algo merecida, por la inmadurez y cobardía con que aceptamos sus engaños cada cinco años.
La sociedad panameña debe exigir que los políticos se bauticen socialmente para que este ritual nos redima de seguir padeciendo sus ultrajes, sobre todo, porque la riqueza que producirá el Canal ampliado debe propiciar nuestro desarrollo humano y social, y no aumentar sus relaciones de poder y engrosar el volumen de sus arcas.
La clase política no asume su responsabilidad de lazarillo revolucionario. Gusta del bocado suculento y fácil, porque se sabe parapetada detrás de la debilidad de nuestra democracia. Panameños como Victoriano Lorenzo fueron traicionados por los políticos para salvar sus pellejos pecadores. No fueron los políticos, sino los institutores, quienes cargamos hasta la presidencia un poste zonian con la bandera istmeña clavada en su acero, para que el presidente Chiari rompiera relaciones con los gringos. Omar Torrijos nunca se inscribió en un partido, y es porque la pasión social no necesita partidismos políticos, sabedora de que su entereza trasciende la codicia y el afán de poder que se incuba en los mismos.
Pareciera que ninguna causa los mueve a pensar de otra manera que no sea buscando el tintineo y el brillo de las monedas imaginadas por su avidez. Ni siquiera la memoria de los muertos tiene la fuerza para conjurar su codicia y mostrarles el valor del bien común.
Panamá está exigiendo de la clase política una conducta digna, que nos permita superar este momento crucial para nuestro futuro. Pero oposición y partido en el poder parecen no valorar el bautismo social, y prefieren arder en las llamas eternas de la vergüenza histórica. Unos manipulando la opinión pública para posponer la decisión de ampliar el Canal, suponiendo que el fracaso será del Presidente y su partido, y esperando obtener el poder después de achacarle al PRD el traspiés de la ampliación, para entonces convocar al pueblo panameño con los mismos argumentos que esgrime el gobierno actual e ingenuamente esperando que el PRD en ese momento lleve a su medio millón de simpatizantes a las urnas a votar "Sí". Otros, despreciando la oportunidad de sublimarse como panameños transformadores, metiendo las manos en la única institución que puede rescatarnos de la caída aparatosa que sufre la sociedad panameña, en este despeñadero de valores que han sido los 106 años de padecimientos políticos.
Mientras que la tarea de ambos debiera ser el diseño de nuestro futuro -para que administremos la riqueza, ya que nunca cumplimos con la responsabilidad de administrar la pobreza- se disputan mezquinamente el trozo de moneda, igual que Adán y Eva la pequeñez del bocado, sin valorar la dimensión paradisiaca del mañana. El "qué hay pa’ mí" con el que pretenden investirse como intérpretes del clamor popular salió de sus labios, nunca de los del pueblo.
Todavía no hay indicios de cambio en las conductas políticas. Pareciera que la única manera de exorcizar los demonios que llevan dentro es organizando el pensamiento social para cumplir valientemente la penitencia impuesta: el sacrificio de tres generaciones a fin de que ampliación y plan nacional de desarrollo sean una realidad, y a partir del año 2044 seamos un país del primer mundo porque la sociedad panameña y sus políticos cambiaron su actitud.
Votar "Sí" no será suficiente; el resultado del voto afirmativo deberá defenderse en los años siguientes con una presencia beligerante de la sociedad civil en la vida nacional, reduciendo a la clase política a un papel terciario, hasta que el plan nacional de desarrollo haya dado sus primeros frutos humanos y sociales.
El autor es comunicador social
Además en opinión
• ¡Mucho ojo… y cerebro!: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Evaluación y calidad educativa: Cristóbal Martínez R. • El bautizo social: Guillermo Ledezma Bradley • ¿Será necesario un Panamá de izquierda?: Carlos Eduardo Rubio • Formación permanente y autoformación: Hipólito Gill Suazo
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