| CUESTIONAN ‘SHOWS’ CON CETÁCEOS.
Un negocio que no tiene nada de bondadoso
Organismos internacionales denuncian los efectos nocivos de la captura y cautiverio de delfines.
| EFE |
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| Longevidad. Un delfín puede vivir hasta 45 años en libertad.742403 |
Paco Gómez Nadal
fgomez@prensa.com
La ternura que despiertan los delfines es inversamente proporcional al sufrimiento que le proporcionamos los humanos. Visitar uno de los cientos de acuarios con espectáculos de delfines que plagan la costa estadounidense o, ahora, el Caribe, parece un acto ingenuo y una simple opción de ocio. Pero la realidad es un poco menos idílica.
La verdad sobre este asunto empezó a destaparse tras el escándalo mundial que rodeó la importación de 28 delfines nariz de botella para un acuario en Cancún, México, en 2003. Los empresarios mexicanos contrataron los servicios de un personaje tristemente conocido: el canadiense Chris Porter. Tras la apariencia de un conservacionista y con una fundación educativa como parapeto, Porter logró ese año la autorización del Gobierno de Islas Salomón (Oceanía) para capturar 100 de estos ejemplares y así cumplir con sus contratos en México y en otros lugares.
La presión internacional tras la llegada de los delfines en un estado desastroso a Cancún logró parar ese comercio sangriento. Y es que, la mayoría de los delfines no sobrevive ni siquiera a la captura. De los que superan la "caza", el 53% muere en los primeros 90 días de cautiverio.
En caso de llegar vivos a un acuario, las perspectivas no mejoran. Su esperanza de vida se reduce drásticamente de 45 a 5 años mal vividos.
Un delfín en libertad nada cada día entre 150 y 180 kilómetros y puede pasar bajo el agua hasta 20 minutos, buceando hasta unos 500 metros de profundidad. Ahora, imagine una de las piscinas de un acuario, donde los recorridos más largos pueden ser de 15 metros de longitud y la profundidad a menudo se agota a los 8 ó 10 metros.
Con todas estas evidencias y ante las presiones tras el caso mexicano, Islas Salomón prohibió a principios de 2005 el comercio con delfines vivos y en noviembre de ese mismo año, ante la sospecha de que Porter estuviera intentando exportar cetáceos de nuevo, el Gobierno de estas islas insistió en que habría cárcel para los comerciantes.
Las amenazas legales, sin embargo, valen poco en un país que acaba de superar un conflicto violento, con extrema pobreza y donde los pescadores locales pueden recibir hasta 265 dólares por un delfín que luego será vendido a los acuarios por cantidades que oscilan entre los 20 mil y los 45 mil dólares.
El Caribe se ha convertido en uno de los lugares preferidos por los inversionistas estadounidenses para instalar estos acuarios y vender terapia con delfines, espectáculos o la posibilidad de nadar con esos cetáceos. Cuando los delfines no llegan desde Islas Salomón, suelen venir de Cuba y sus atracciones se venden caras entre turistas ocasionales y pasajeros de cruceros.
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