| CHÁVEZ EN LA ONU.
Fuegos fatuos
Gerardo E. Martínez-Solanas
El presidente Hugo Chávez en su visita a Nueva York superó en dos días todos los excesos de la indecencia política. Nunca se habían escuchado tantos insultos al presidente de una nación por parte de otro mandatario que visita el país del insultado. Lo llamó "diablo", "tirano", "mentiroso", "alcohólico", "loco", "acomplejado" y, no conforme con los epítetos, se burló gráficamente del presidente Bush con gestos que acompañaban afirmaciones como "camina como John Wayne", "llegó ahí porque es hijo de papá" o "no tiene la más mínima idea de lo que es política". El digno silencio de los aludidos podría haber sido imitado por la prensa para impedir que se robase las primeras planas con tal discurso.
En la Asamblea General le rieron sus burlas y aplaudieron sus insultos. Se entiende porque hay muchos allí que dicen representar a sus pueblos, pero son abiertamente enemigos de la democracia y optaron por formar parte del circo. Lo inconcebible es que actores, intelectuales y personalidades norteamericanas en Harlem tuvieran la falta de decoro de celebrarle tantas groserías al huésped. Algunas declaraciones dignas de quienes no se dejaron hechizar por este aprendiz, incluso entre algunos adversarios del presidente Bush, han lavado parcialmente la afrenta. En cualquier otra parte habrían expulsado al presidente venezolano como persona non grata y le negarían el ingreso al país por el resto de su vida.
A pesar de todo eso no critico tanto la incapacidad que tuvo la prensa de guardar un discreto silencio ante tanta impertinencia, como a las horas dedicadas en tantos programas de radio y televisión, y a las cuartillas escritas para destacar tales hechos sin equilibrar la información con otras declaraciones interesantes y de altura que han tenido, y tienen lugar, en las Naciones Unidas por estos días, incluyendo el mensaje del presidente Bush que, al margen de estar o no estar de acuerdo con él, planteó cuestiones de peso a sus interlocutores y a la opinión pública internacional.
Entre el 14 y el 29 de septiembre se desarrollan en la Asamblea General grandes acontecimientos. La falta de cobertura de los medios resta importancia a lo que es genuinamente pertinente en este segmento del período de sesiones anual del órgano mundial. ¿Cuántos han leído o escuchado en algún programa informativo que las personalidades mundiales se reunían en Nueva York el 14 y 15 de septiembre para entablar un "Diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo"? ¿Cuántos supieron que los días 18 y 19 se dedicaron a una "Reunión de alto nivel sobre el Programa de Acción a favor de los países menos adelantados"? ¿Cuántos saben que el resto de esos días -entre el 14 y el 29- se dedican a un "debate general" donde presidentes, primeros ministros y otros altos dignatarios de casi todos los países del mundo exponen sus planes, sus aspiraciones y los puntos de vista de sus pueblos sobre las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad?
Eso se ha perdido con la palabrería de Chávez, digno discípulo de Castro a la hora de robarse titulares con proclamas y declaraciones intrascendentes, en una táctica de "escándalo" que hechiza con demasiada facilidad a quienes se encargan de informarnos.
Firmas Press.
El autor es economista y politólogo
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