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Reportaje especial
Panamá, martes 26 de septiembre de 2006
 

SUPERANDO CRISIS.

Valores que ayudan a progresar

Ana Muñoz

"Matar a un hombre por defender una idea, no es defender una idea, es matar a un hombre", pensamiento que escribió Castelio contra Calvino, cuando éste mandó quemar a Miguel Servet, y que hoy, en el siglo XXI debería darnos mucho que pensar cuando hablamos de "choque de civilizaciones", "guerra contra el terrorismo", "fanatismo religioso", etc.

El escritor Juan Goytisolo escribía hace unos días en el prestigioso diario español El País que no hay una civilización sino civilizaciones, y que éstas se encuentran en continua lucha. Las civilizaciones, a lo largo de la historia, siempre se han asentado sobre las ruinas de otras y siempre las ajenas han sido consideradas como bárbaras por ese miedo humano a lo ajeno, al otro, a otras formas de entender el mundo. Sin embargo, Goytisolo hace referencia a esos valores universales que están por encima de civilizaciones y culturas. Una serie de valores comunes a todos los hombres que ayudan al desarrollo de las sociedades. Estos valores se plasmaron en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y se resumen en paz, justicia y convivencia. De ahí que, según el escritor, la Alianza de las Civilizaciones, propuesta por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, debería pasar a llamarse Alianza de Valores.

En el mundo actual, sin embargo, estos valores de respeto y buena vecindad están en declive. Gobernantes de todo el planeta, de uno u otro signo, asumen que la civilización propia es la más avanzada y deseable para la humanidad y, por ello, hay que extenderla sin importar los métodos. En nombre del progreso comenzaron las Cruzadas, en nombre del desarrollo Europa colonizó continentes y esclavizó a sus habitantes, en nombre de la democracia comenzaron guerras injustas. Sin embargo, el progreso está hecho gracias a la convivencia entre culturas y civilizaciones diferentes. El mestizaje y la heterogeneidad son la base del desarrollo humano que ha permitido el avance de la Tierra.

El establecimiento de identidades formales, diferentes y opuestas, explica Goytisolo, es una condición básica para el juego de poder. Y bajo su paraguas caben acciones terroristas, invasiones o genocidios. Amartya Sen, en Identity and Violence (Identidad y violencia), en cambio, explica que las identidades que coinciden en un mismo sujeto o comunidad son complementarias. Es decir, se puede ser español, europeo, periodista, rubio o moreno, alto o bajo, gordo o flaco, hombre o mujer, judío, cristiano o musulmán. Una persona puede sentir su identidad en todas esas cosas a la vez. Esta idea de una "multiidentidad" es la que da sentido a la democracia y al pluralismo de las sociedades modernas. El derecho a elegir de cada ciudadano y a expresar sus ideas o confesión religiosa son la base de la interculturalidad que tan de moda está en la actualidad. Una sociedad democrática no es una sociedad homogénea, insiste el escritor afincado en Marrakech, pero no puede convertirse en una federación de tribus en las que cada una establezca sus normas de comportamiento, sino que debe existir un conjunto de valores comunes para llegar a acuerdos. El diálogo sólo es posible si existe respeto por el otro y la duda sobre el yo.

Las civilizaciones y culturas que no han sido permeables no han perdurado en el tiempo. Las sociedades que se han encerrado en sí mismas y se han creído poseedoras de la verdad, no han soportado el paso de la Historia. Antes o después alguien ha conseguido someterlas, poniendo en peligro las vidas de sus habitantes y de la supervivencia del planeta. Por ello, los ciudadanos debemos unirnos en torno a esos valores universales, cívicos y laicos que nos ayuden a superar esta época de crisis y albergar una esperanza en un futuro de progreso.

La autora es periodista del Centro de Colaboraciones Solidarias (CSS)

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