| AMPLIACIÓN DEL CANAL.
Los ambientalistas y nuestro desarrollo
Rogelio Pinilla
Si los ambientalistas hubiesen existido cuando Dios, según la teoría teológica, creó el mundo, quizás lo habrían puesto a trabajar sobre tiempo. Y si, durante la era de las cavernas, hubiese existido algún cavernario con dotes de ambientalista, quizás todavía estuviéramos correteando mamuts y mastodontes por las llanuras ancestrales.
Imagínense que para construir las Pirámides de Egipto, la Gran Muralla China o, más recientemente, el Canal de Panamá, fuese necesario realizar un estudio de impacto ambiental (EIA). Quizás estas maravillas jamás se hubiesen construido.
De acuerdo con la teoría de Darwin, todas las especies evolucionan. En nuestro planeta ninguna especie existió desde siempre ni perdurará por siempre. Todos somos pasajeros en este valle para algunos de lágrimas y para otros, edén de oportunidades.
Somos conscientes de que debemos realizar nuestros mayores esfuerzos por preservar el ambiente natural donde convivimos. Pero, señores, no podemos vivir en los árboles, desde donde descendimos hace decenas de miles de años. No podemos construir nuestras carreteras y autopistas entre los árboles, pues no somos hormigas. El desarrollo y crecimiento de nuestras ciudades requiere abrir espacio para acomodar y crear facilidades de movilización a sus habitantes, que en su mayoría son humanos.
Estimamos que el movimiento ambientalista está exagerando su papel de velar por el desarrollo y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y la preservación del ambiente que nos rodea. No es posible que se opongan a cualquier proyecto por oponerse.
Si se proyecta desarrollar un proyecto energético utilizando la fuerza hidráulica, se oponen porque, según ellos, los embalses y presas envenenan las aguas; si se trata de construir una planta térmica se oponen porque las emisiones contaminan el aire. Me pregunto: ¿cómo vamos a generar la energía que requiere nuestro desarrollo? Si se proyecta un complejo habitacional, se oponen porque se tiene que cortar árboles y vegetación que es esencial para "mantener el equilibrio del ecosistema". Total que las ciudades crecen, se construyen plantas hidroeléctricas y térmicas y no notamos ningún desequilibrio del ecosistema. Formaron tremenda alharaca con la construcción de los corredores Norte y Sur en la ciudad porque se iban a producir "irreversibles impactos" al ambiente natural de las áreas afectadas con dichos proyectos, y hasta la fecha no hemos notado ningún daño al ambiente de la ciudad.
Es más, estos proyectos han mejorado el desalojo de la ciudad y le han dado ese toque de urbe moderna que hoy palpamos.
El mayor escollo que está teniendo y tendrá el proyecto de ampliación del Canal de Panamá, mediante un tercer juego de esclusas es y será la oposición de los ambientalistas que, no teniendo argumentos científicos que invaliden la construcción de este portentoso y necesario proyecto, se han inventado toda clase de mecanismos y al final se oponen por oponerse al desarrollo de nuestro país.
El autor es ingeniero
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