| LOS POBRES SIGUEN ACUMULANDO SUEÑOS.
El doliente camino de la prosperidad
Marcos A. Lim R.
No dejo de ponderar el espíritu emprendedor de muchísimos extranjeros que a inicios de siglos desarrollaron, desde cero, empresas que hoy día se encuentran en el Top ten de las jerarquías económicas del país. Bienaventurados ellos y el caudal de sus enormes riquezas obtenidas ciertamente con la más absoluta y cristalina transparencia. Pero es correcto afirmar que gracias a estas generaciones de extranjeros "las nuevas generaciones hoy tienen ante sí fabulosas oportunidades para seguir avanzando en la ruta del desarrollo". ¿Estamos ante una nación verdaderamente equitativa?
En Panamá existen dos mundos paralelos, el de los que han aprovechado las riquezas emanantes de negocios, casi familiares, que se dan en Panamá; y el de los que se debaten entre la pobreza y la pobreza extrema. Esto está sustentado en cifras reales. Más del 40% de la población panameña vive al margen de esa bonanza económica.
La desigualdad, entonces, es imperante. Es cierto, los pueblos crecen porque los negocios florecen. En Panamá por ejemplo, cifras abrumadoras hablan de un crecimiento de hasta el 7% del PIB, esto es optimista y se espera, fantasmalmente, que el crecimiento económico vaya de la mano con el mejoramiento de la calidad de vida. La realidad, la cruda realidad es otra, y lo peor: es palpable. Mientras la élite degusta platillos exóticos, una inmensa cantidad de panameños se acuesta sin haber probado un trozo de pan.
Hablar de desarrollo debiera traducirse a oportunidades equitativas para todos los participantes de ese desarrollo, por ejemplo, si se habla de desarrollo en Panamá, debiera entenderse que ese desarrollo llegará a todos los panameños. He sentido como una daga afirmaciones como la que Panamá será uno de los tres primeros países desarrollados de América Latina. Y no es que no crea o no lo vislumbre, Panamá tiene una vocación de servicio que data de la era colonial y no es menos cierto que nos hemos posesionado como una nación pujante y próspera, pero acorralada por la desigualdad en la distribución de esas riquezas.
¿Qué no nos permite globalizar el desarrollo humano en Panamá? ¿Por qué no podemos aspirar todos a recibir como en regadera, el producto de nuestra cabalgante economía? La respuesta parece estar en la ausencia de oportunidades individuales. A más de poseer un sistema educativo arcaico que no se compagina con los grandes avances tecnológicos de los mega proyectos que abundan en el Panamá de hoy, nuestras escuelas públicas se debaten cada año escolar por satisfacer necesidades primarias, como agua potable, servicio higiénico, estructura física y bienes materiales. ¿Es esto permisible en un próspero país como el nuestro? Mientras tanto, como un hito a la desigualdad, el sector educativo privado nos lleva quinquenios de ventaja.
El sector salud parece no salir de la mala calidad del servicio y de la frustrante carencia de medicamentos, cada vez es más evidente el deterioro en la atención médica pública mientras en yuxtaposición crecen como gorgojos las clínicas privadas sofisticadas e incosteables y hospitales cinco estrellas que no hacen más que evidenciar la gran brecha entre ricos y pobres. Un país que se pavonea por el hemisferio, restregando su estratégica ventaja geográfica por la cual convergen inversionistas que prometen convertir nuestro Panamá en el país de los rascacielos, no debiera permitir esta vergonzosa desigualdad en los tres millones de habitantes que tan sólo posee; no debiera permitir el clima de inseguridad tanto jurídica como personal que cohabita a segundo con una población indefensa.
¿A dónde va ese caudal de fortuna que nos hace "un país prospero"? Porqué no llega a las escuelas, a los centros de salud, a las cárceles, a los indígenas (todos marginados en la pobreza extrema). ¿Por qué no va un poco de esa prosperidad a programas de rehabilitación a los cientos de pandillas juveniles que pululan en el próspero Panamá del que algunos hablan? ¿Por qué el número de desnutridos ni Caritas ha podido erradicarlos?
Debimos haber crecido moralmente a la par de nuestro crecimiento PIB. Lamentablemente, nos quedamos en un recodo de la historia, mirando frustrados cómo los ricos se vuelven más ricos, mientras que los pobres seguimos acumulando sueños.
El autor es presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas de Colón.
Además en opinión
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