| LÓPEZ OBRADOR.
Una caminata por la cornisa
Andrea Sosa Cabrios
México. -Una multitud lloró, se abrazó y celebró después de proclamar al líder izquierdista Andrés Manuel López Obrador "presidente legítimo". En ese momento, la presunción se hacía oficial: México vive una crisis política.
Cientos de miles de personas reunidas en la Plaza del Zócalo de Ciudad de México desconocieron al oficialista Felipe Calderón como presidente electo y ungieron como ganador a su candidato. El hecho, sin consecuencias jurídicas, minará la estabilidad política mexicana.
México tiene ahora tres "presidentes". Vicente Fox, mandatario saliente; Felipe Calderón, el presidente electo constitucional; y López Obrador, el autoproclamado "presidente por voluntad de la mayoría de los mexicanos".
Todo podría quedar en anécdota si no fuera porque el objetivo declarado de la izquierda mexicana es desestabilizar a Calderón e impedir primero que tome posesión, el 1 de diciembre, y luego, que concluya su mandato de seis años.
Desde el Partido Acción Nacional (PAN), al que pertenece Calderón, el secretario general, José Espina, restó importancia a la proclamación a mano alzada de López Obrador como "presidente" en la llamada convención nacional democrática.
"No va a tener validez su 'gobierno' y todo cae por su propio peso, como lo hemos observado. Él, por sí solo, ha perdido credibilidad", afirmó.
Analistas políticos habían señalado que López Obrador tenía dos caminos frente a sí y que las perspectivas para México, y para su propio destino político, iban a depender de si optaba por la vía radical o por el reencauzamiento institucional.
Se quedó con la primera opción, pese a las voces de un sector importante de la izquierda que le pedía no tomar decisiones al calor de un discurso, en palabras del filósofo Luis Villoro, por los riesgos que implicaba para la propia izquierda alejarse del marco legal.
Muchos años tardó la izquierda mexicana en ser incorporada al sistema político. La decisión la tomó el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que vio más útil tener una izquierda democrática en el Congreso que una izquierda armada en los montes.
"El sistema autoritario mexicano decidió buscar una vía no represiva para neutralizar a ese adversario -moverse para permanecer en el mismo sitio- y llevó a cabo siete últimas reformas electorales -1973, 1977, 1987, 1989, 1990, 1993 y 1996- para abrirle un espacio institucional controlado", escribió en un artículo el historiador Lorenzo Meyer.
Los simpatizantes de López Obrador afirman que en las elecciones del 2 de julio hubo fraude y que no hay posibilidad de conciliar la lucha opositora con la aceptación de un régimen "usurpador".
Culpan del fraude a casi todos: a Fox, a las empresas, a los medios de comunicación, a funcionarios de casilla, a la Corte Suprema de Justicia, a los órganos electorales.
En la convención que realizaron el sábado, los seguidores de López Obrador se comprometieron a no consumir productos de empresas que respaldaron a Calderón, como Coca-Cola, la cadena de supermercados Wal-Mart, jugos Jumex y Del Valle o el banco Banamex.
En el plano legal, no hay dudas de que Calderón será el único presidente de México a partir del 1 de diciembre, aunque López Obrador tome posesión de su "cargo" antes que él, el 20 de noviembre.
La determinación final sobre el ganador la tomó el 5 de septiembre el Tribunal Electoral. Pero la resolución dejó mal sabor de boca a muchos.
La Corte afirmó que no había habido fraude ni irregularidades de gravedad, pero cuestionó el papel de Fox y de la cúpula empresarial, que hicieron una fuerte campaña negra contra López Obrador.
En este panorama, son muchas las heridas que quedaron abiertas después de unas largas y disputadas campañas que partieron al país en dos: los ricos contra los pobres, el norte contra el sur, la derecha contra la izquierda.
DPA
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