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Reportaje especial
Panamá, martes 19 de septiembre de 2006
 

AMENAZAS PARA LA SALUD.

Aunque no sirva de nada…

María mercedes de la G. de Corró

Emocional, mental y corporalmente, el ser humano es difícil de domar. Así, saber que una conducta es dañina, no basta para doblegar los impulsos que nos estimulan a practicarla. Sabemos, por ejemplo, que el 90% de los casos de cáncer de pulmón ocurre en personas que fuman; que las personas que fuman tienen más riesgo de desarrollar cáncer de labio, boca, lengua, laringe, garganta y esófago. Que incluso tienen más riesgo de tener osteoporosis, enfisema y bronquitis. No obstante, todos conocemos a gente inteligente, responsable, valiosa para la familia y para la sociedad aferrada al hábito de meter humo en sus pulmones.

Se ha creado conciencia acerca de la amenaza para la salud que plantea la diabetes II, y al mismo tiempo se ha dicho que ésta se puede prevenir evitando el sobrepeso, realizando ejercicio físico de forma regular y manteniendo una alimentación sana. Sin embargo, ni los países del primer mundo han podido doblegar la tendencia alcista que reflejan las cifras de obesidad. Y de la grasa, ¿qué no se ha dicho? Pocos ignoran que las saturadas y las hidrogenadas son indeseables; que aumentan el colesterol en la sangre lo que, a su vez, tapa las arterias. Y aún sabiéndolo, ¡qué difícil es resistirse al encanto del helado de chocolate! Sabemos que al ingerir alcohol afectamos desde el sistema nervioso, al sistema muscular. Que el sedentarismo perjudica la salud física y emocional; y cuántas veces nos falta voluntad para escoger la bicicleta y no el sillón.

Los medios de comunicación de todo el planeta se han dado a la tarea de informar que el sexo sin protección expone al contagio de HIV y otras enfermedades de transmisión sexual. ¿Y acaso se ha ganado la lucha contra el sida y demás ETS?

Seguramente, contarles a los jóvenes panameños que "El sexo tiene consecuencias", no bastará para evitar que tengan relaciones. Y, sin embargo, aplaudo con entusiasmo esta campaña lanzada por la primera dama, que busca quitarles el aura de romanticismo a la maternidad y a la paternidad; y, en cambio, asociarla con los deberes y sacrificios que conlleva realmente. Hay que advertirles a los jóvenes que, en las mejores circunstancias –hogares bien formados, entorno propicio al sano desarrollo– dar a luz a un niño y luego criarlo es tarea que exige coraje, madurez, dedicación y sacrificio; tanto que, en circunstancias adversas, puede ser desgastante. Anunciarles que después de un embarazo su vida ya no será la misma. Que, en cierta forma, ya no será "su" vida. Explicarles que las decisiones individuales, en este caso la de ex+ponerse a quedar embarazada, trae consecuencias dramáticas e irreversibles.

En Panamá y América Latina hay que decirle basta a la proclividad que tienen algunas mujeres, incluso mayores de edad, a escudarse en el Dios me lo mandó, para seguir trayendo al mundo niños que vienen a vivir miserias anunciadas, pero sobre todo hay que hacer una lucha frontal para detener la ola de embarazos en niñas menores de edad. Es trágico saber que, en América Latina, dos millones de adolescentes se convierten en madres cada año (Fondo de Población de la Organización de Naciones Unidas). Y es que el sexo cada vez se practica más temprano. Según el Pulso de la Nación (15 de mayo de 2006), la gran mayoría de los jóvenes panameños entre 14 y 17 años ya ha tenido relaciones sexuales. De hecho, solo el 4.2% de los encuestados dijo que no las había tenido.

Ante esta realidad, los padres, maestros y consejeros estamos obligados a saturarlos con información. Puede que no sirva de nada; puede que los argumentos que ponemos frente a sus ojos sean insuficientes para lograr que, en esos años difíciles de la adolescencia, ellos escojan decir no a prácticas que los perjudican.

O puede que les falte fuerza de voluntad para controlar los instintos. Pero hay que tratar. Una y mil veces, hay que tratar.

La autora es economista y periodista

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