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El sol empezaba a esconderse en el horizonte. Eran las 5:00 de la tarde del jueves 2 de febrero de 2006. El ferry Al Salam Bocaccio 98 , de bandera panameña, zarpaba como de costumbre del puerto de Dubah, Arabia Saudita, hacia Safaga en Egipto, una travesía poco asombrosa de ocho horas. A bordo viajaban mil 418 personas, 14 camiones, 22 carros privados y siete embalajes de maletas. Pero para el capitán egipcio Sayed Ahmaed Omar, esa última noche en el Mar Rojo sería la menos ordinaria de su vida. Después de dos horas de navegación, un incendio repentino en la bodega del barco desató el pánico y provocó el hundimiento de la nave cuatro horas más tarde. La tragedia dejó mil 31 víctimas y 387 sobrevivientes. De los 96 tripulantes solo se salvaron 24 personas. El capitán Ahmaed Omar murió en el puente de su nave. No hubo orden de desalojo
Las averiguaciones concluyen que la cantidad de agua acumulada en el barco para sofocar el incendio ocasionó un sobrepeso que provocó su hundimiento, según las principales conclusiones del equipo de investigación panameño encabezado por Reynaldo Garibaldi, jefe del departamento de Investigación de Accidentes y Navegación Marítima de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP). Los pasajeros a bordo del Al Salam no sabían lo que ocurría. El capitán nunca comunicó a los viajeros la orden de desalojo. El informe preliminar de la AMP concluyó que las órdenes de abandono no fueron efectuadas según los procedimientos establecidos.
"No apaguen las luces que no queremos que se den cuenta de lo que pasa", dijo el capitán a su tripulación cuando el buque empezaba a perder equilibrio. Según el director de Marina Mercante de la AMP, Fernando Solórzano, el buque tenía mil 400 chalecos salvavidas que hubieran podido salvar a la mayoría de los ocupantes si el capitán hubiera ordenado el desalojo. La caja negra El Voice Data Recorder, una especie de caja negra, guarda el sonido de las últimas horas de lo acontecido en el buque. Aunque tiene capacidad para más de 15 horas de grabación, el equipo de investigación se concentró en las últimas cuatro horas de la tragedia.
Según la grabación, el capitán trató de controlar el peso del buque para evitar la escora de la nave. El segundo oficial le preguntó si estaba allí. Este le responde: "yo estoy aquí y no abandonaré el buque". Estas fueron las últimas palabras de Ahmaed Omar. En el fondo se escuchan gritos e instrumentos que se caen. El capitán pidió que se cambiara la dirección del timón. Comienza la desesperación de los ocupantes. El ruido final de la alarma del motor anuncia el hundimiento de la nave. El uso de la caja negra es obligatorio en las embarcaciones para transporte de pasajeros desde julio de 2002, según lo establece el convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar. La AMP entregó un informe preliminar a la Organización Marítima Internacional y ordenó a la Universidad de Glasgow una recreación del hundimiento para demostrar la secuencia de los eventos.
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