| CREENCIAS POPULARES.
Parece magia, pero no lo es
Eva Aguilar
Cada cierto tiempo, toca podar la planta de bambú que adorna una de las esquinas de la sala. De ser un pequeño retoño, ha pasado en cuestión de unos pocos años a ser un simpático arbolito. Todavía no me sirve para hacer muebles, ni siquiera para alimentar a un cachorro de panda, pero sin duda alcanza más de metro y medio.
Así es que le pedí a la señora que limpia la casa que le recortara las hojas que ya llegaban al techo. Ella la miró y preguntó qué planta era aquella. "Un bambú", le contesté. "Ah, sí, un bambú", dijo después de unos segundos de pensarlo. "Pero qué significa". Me sobresalté, aunque intenté ser didáctica y racional. Le dije que aquel bambú no significaba nada (por lo menos no que yo lo supiera), que simplemente era una planta, aunque sabía de antemano que la victoria no estaba de mi lado. Su cara me decía que esa no era la respuesta que su prejuiciada curiosidad estaba esperando. Pero era la única que yo podía darle.
La fantasía, las creencias populares y la superstición, son parte de la cultura de una sociedad. Arrastramos explicaciones fantásticas de la época en que nadie podía darnos explicaciones ciertas, y debemos reconocer que el misterio le imprime emoción a nuestras vidas. Hace unos meses, ningún periódico o canal de televisión, ni siquiera los más serios en todo el mundo, dejó pasar el día 6-6-06 sin sacar reportajes alusivos al supuesto significado diabólico y apocalíptico de esta fecha. Y corrimos a leerlos.
Pero vivimos en el siglo XXI y no es el conocimiento inventado ni imaginado, y mucho menos distorsionado, lo que hoy por hoy encamina a un país como el nuestro hacia el desarrollo económico y social. Esa es, en gran parte, tarea de la ciencia que, a largo plazo y de manera metódica, va generando un tipo de conocimiento que prepara las bases para vivir mejor.
En una ocasión, una investigadora especialista en bioquímica, me explicaba la forma en que ciertos hongos conviven en armonía con las hojas de las plantas, y cómo los científicos han logrado extraerlos, en la búsqueda de sustancias químicas activas que sirvan para combatir vectores causantes de enfermedades humanas.
Fascinada por su propia explicación, llegó a decir: "Es una cosa un poco mágica ver que el hongo está metido dentro de la hoja sin causarle ningún daño".
Parece magia, pero no lo es. Todos los seres vivos tienen sus propias normas de convivencia y somos nosotros los que hemos tenido que inventar métodos para conocerlas. Y jugando a ser descubridores, nos dimos cuenta de que al investigar, obteníamos resultados que nos procuraban bienestar, comodidad y riqueza. Y también un poco de emoción. Porque alimentar la curiosidad con los secretos revelados por la ciencia, puede ser tan fascinante como cualquier historia de ficción.
La autora es periodista
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