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Reportaje especial
Panamá, viernes 8 de septiembre de 2006
 

Ampliación del Canal.

Los riesgos de la arrogancia

732916Mercedes Eleta de Brenes

Cuando oigo o leo a los paladines del "no" y sus argumentos carentes de sustento, no sé si es que de verdad se han creído aquel viejo lema que reza: "Panamá, Puente del Mundo, Corazón del Universo", como si en este mundo globalizado y con tecnologías avanzadas tuviéramos "la sartén agarrada por el mango" y pudiéramos forzar a las flotas navieras mundiales a que usen el Canal porque no tienen otras alternativas o la posibilidad de crearlas. Y tampoco sé, si de verdad piensan, que tenemos tiempo para seguir posponiendo la ampliación del Canal.

Estas percepciones son absolutamente falsas y denotan un nivel de arrogancia supina, de parte de quienes las asumen como ciertas. Como no nos pongamos las pilas y entendamos que quienes "no" tenemos opción a decir "sí" somos los panameños, los riesgos inherentes a la arrogancia que están mostrando algunos y la apatía de la gran mayoría, pone en entredicho el futuro del país y el de sus ciudadanos.

Y es que, mucho se ha dicho sobre los beneficios que nos ofrece la ampliación del Canal, en materia de ingresos, empleos y oportunidades, lo que es cuestionado por los sempiternos apocalípticos. Pero, ¿quién nos dice qué pasaría en Panamá si ganara el "no"? ¿Cuántos empleos generará el "no"? ¿Cuántos ingresos adicionales? Decir "no" a la ampliación, ¿elimina la corrupción? ¿Elimina el "no", la desconfianza en los gobiernos o en los partidos políticos e instituciones? ¿Decir "no", resuelve la demanda creciente de las navieras para el tránsito oportuno y eficiente de sus barcos por el Canal? ¿Qué nos ofrece el "no", más que el empobrecimiento del país y la garantía de que nuestro Canal, por el que lucharon muchos, se tornará obsoleto antes de que nos demos cuenta y entonces no habrá marcha atrás?

Las preocupaciones ciudadanas por la corrupción, la falta de rendición de cuentas, la falta de seguridad personal, la mala calidad de la educación y un sinfín de males que nos aquejan son absolutamente válidas, pero nada tienen que ver con la ampliación del Canal ni se resuelven votando "no" a la misma. Más bien, todos estos males, se verán agravados de ganar el "no".

De ganar el "no", estaríamos utilizando erróneamente el voto castigo. Este debería ser aplicado directamente a los políticos y a los gobernantes que no cumplen sus responsabilidades y obligaciones de una manera eficiente, eficaz, ética y transparente, y esto se hace en las urnas cada cinco años. Este voto castigo no lo podemos ejercer contra el Canal de Panamá, que es el mayor activo de nuestro país, el cual debe ser ampliado para poder seguir siendo el motor de desarrollo de la economía nacional. Votar "no", sería sin duda, castigarnos, no solo a nosotros mismos, sino a las futuras generaciones, cometiendo un crimen colectivo de "lesa patria".

Además, como panameños podemos sentirnos orgullosos del trabajo hecho por los panameños que laboran en la ACP, y que han hecho posible que en solo cinco años de que el Canal esté bajo nuestra administración, haya generado recursos superiores a los 86 años que estuvo bajo administración norteamericana, y que el Canal esté mejor manejado que nunca; lo que nos debería dar la confianza de que van a hacer un buen trabajo con la ampliación y modernización del mismo.

El comercio marítimo mundial exige la ampliación de la vía acuática para atender la creciente demanda y las nuevas dimensiones de los barcos en construcción, y esto no va a esperar a los panameños, si dilatamos la decisión aduciendo razones totalmente ajenas a las exigencias del mercado. "Los trapos sucios se lavan en casa", al mundo no le interesa nuestras diferencias internas; sus necesidades serán atendidas por quien ofrezca el servicio que se requiere. Somos la primera opción, pero no la única, y podemos dejar de ser la ruta marítima que somos hoy, si no hacemos lo que tenemos que hacer cuando lo tenemos que hacer, y es ya.

Si nuestros próceres y los panameños pudieron, en los albores del siglo XX, superar las profundas diferencias que existían entre ellos, luego de la guerra civil de los Mil Días y unirse para lograr la independencia de Colombia, y que el Canal se construyera por Panamá; si después de su construcción, la nación panameña estuvo continuamente buscando la devolución del Canal, a través de negociaciones de nuevos tratados y gestas heroicas que culminaron con su transferencia el 31 de diciembre de 1999, cómo es que en los albores del siglo XXI seremos los panameños de hoy, herederos de esa larga tradición de lucha, los que por argumentos mezquinos e intrascendentes de la política criolla traicionemos el legado y tiremos por la borda la enorme oportunidad de insertarnos en el primer mundo.

Crezcámosnos ante el reto, dejemos la arrogancia de lado y seamos adultos, coherentes y responsables con nosotros mismos y con las futuras generaciones y votemos SÍ como la única opción que tenemos.

La autora es comunicadora social

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