El día que las calles gobiernen, el sistema se habrá resquebrajado de manera estructural. El día que los gritos pesen más que las propuestas, estaremos en el reino del descontrol. El día que el Estado no ejerza la autoridad que el propio pueblo le ha concedido en un acuerdo social fundamental para la democracia, estaremos en manos de la sinrazón.
Por eso es tan importante que el Ejecutivo se plante firme en este conflicto con un sector del gremio docente que ha decidido pedir lo imposible perjudicando a las clases más humildes del país. La ya agotadora huelga en la educación no afecta a las familias más adineradas, ni siquiera a los principales actores del gobierno.
A quién le está hipotecando el futuro es a los hijos de la mayoría de panameños y panameñas que tienen que optar por la educación pública y que tienen derecho a ella por encima de los intereses particulares. En este pulso, la ciudadanía está de parte de las autoridades para impedir que la fuerza de la calle se anteponga al peso de los argumentos.
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