| DETERIORO DE LOS VALORES.
‘Mamá Lladró’
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Partamos de la base que ni los hijos traen instrucciones, ni yo pretendo escribirlas. Cada quien los educa como quiere, supongo que tratando que sean buenos ciudadanos. Tampoco me opongo a que una mujer cuide su figura y trate de ser atractiva. Muy por el contrario, me agrada siempre y cuando sea dentro de un concepto lógico. Además, en el mundo moderno, es normal que la mujer trabaje fuera del hogar y tenga quien le ayude a cuidar a los hijos.
Sin embargo, no perdamos de vista que el problema de los niños abandonados, cuyos padres son solo "un concepto", tiene mucho que ver con el serio deterioro de valores que padece nuestra sociedad. Y este problema no se refiere solo a la ausencia física de los progenitores, sino también a la falta de orientación que favorece esta sociedad nuestra que da prioridad al tamaño de las copas del sostén o al número de ceros en la chequera, mientras considera ridículo sentar a un hijo en el regazo y dedicarle un rato para hablar de lo que a él le interesa aunque en ese instante, no ganemos dinero. Dicho esto, les cuento lo que vi hace unas semanas.
Justo antes de cerrarse la puerta entró al elevador. Tendría unos 22 ó 23 años, e irradiaba aroma de perfume de diseñador. Como es la norma, vestía a la moda, con pantalones Versace a la cadera, blusa ceñida Lacoste que resaltaba muy bien su hermosa figura. Unos lentes oscuros Moschino (dentro del elevador) con aros de carey y dos brillantitos sobre las bisagras. Reloj TechnoMarine con brillantes en la esfera y pulso del mismo color que la blusa. Los accesorios: aretes, collar, cinturón y cartera con el característico osito de moda de "Tous" y unos zapatos que seguramente costaban más que un salario mínimo. Mientras subíamos, el silencio reinante (habitual cuando hay una mujer atractiva en un espacio muy reducido) fue roto por su celular.
Un modelo de última generación, de color naranja y que tocaba una pieza musical de esas que están de moda, pero que no tengo la menor idea de cómo se llame. Dada su poca discreción nos enteramos que había estado en el gimnasio toda la mañana, que "ya está en talla dos" y que ahora traía al niño "a la cita de los dos meses"… Esa información encajaba las piezas. "Mamá Lladró" venía acompañada de una mujer de unos cuarenta años, vestida de blanco, que cargaba en sus brazos a un pequeñín con escasos sesenta días de circulación por este manicomio que habitualmente llamamos "mundo". El bebé era como todos, regordete, con escasa cabellera y dormía plácidamente en los brazos de su "práctica". Al llegar al cuarto piso (alias "pediatralandia") salieron... primero la madre, seguida a dos o tres metros por la práctica con el niño en brazos y una gigantesca "pañalera" al hombro.
Al cerrarse la puerta, me pregunté dónde quedaron aquellos tiempos en que los niños eran llevados al pediatra por sus abuelas (la madre acompañaba). Esas señoras que cargan a los bebés con una expresión de orgullo que solo ellas pueden reflejar y que ninguna "práctica" consigue. Pero la historia se antoja mucho más dramática. Madam Lladró parió un chiquillo hace dos meses y su figura ya no tiene señales de semejante "aberración estética" llamada maternidad. Y ni hablar de actividades tan desagradables como "dar pecho" o cambiar un pañal. Seguramente, desde el día del alumbramiento, ha pasado interminables horas en un gimnasio, saltando como una rana bajo la supervisión de algún anabolic-man mientras traga agua "Evian" como "camello en oasis" porque así lo hicieron Victoria Beckham y Demi Moore después de dar a luz.
Ah… pero así son las familias "modernas". Por un lado se produce dinero (y mucho), pero por otro se gasta en cuanta cosa superflua se encuentre mientras los hijos crecen "como les cuadre". Y todos se extrañan cuando ese niño le pide consejos y le cuenta sus problemas a "su nana", a un amigo o a un narcotraficante, quien le contestará de acuerdo a "su" visión del mundo. Y no critico que una mujer profesional que trabaja a la par de su marido, busque ayuda para criar a sus hijos.
Lo malo es cuando la esencia de la trascendental existencia de demasiadas mujeres es ir al gimnasio, tomar café "al aire libre" o "ir al salón" para que le soben la cabellera una vez a la semana. Mientras, su descendencia pasa horas al cuidado de una "nana", porque las abuelas juegan "canasta" bajo el argumento de que "yo ya crié a mis hijos" (esto lo he visto y oído).
Si a esta ausencia de orientación por parte de madres y padres, le sumamos los terribles ejemplos a que son sometidos los niños en la televisión, el futuro se pinta muy complicado. Hace un par de semanas, a la una de la tarde, uno de los canales locales transmitía una telenovela en la cual una mujercita muy pizpireta, de unos veinte años, se pasó el capítulo en la cama (y no propiamente durmiendo) con varios compañeros de trabajo (eso sí… alternadamente) tratando de lograr un ascenso. Ante esto, ¿cómo sorprende que una adolescente sea encontrada en un push-button practicando geometría con el profesor de matemáticas para subir su promedio? Y no me vengan con que yo soy "muy conservador". El problema no es el sexo en la TV, sino la falta de valores que demuestran los "héroes" y las "heroínas" de estas producciones. Me parece irresponsable que una televisora transmita estos programas a horas donde los niños ven televisión. Y lo resuelven con ponerle clasificación "B" (menores deben ver el programa acompañados por un adulto), lo cual se cumple a cabalidad si consideramos que las "nanas" suelen tener más de 18 años.
Así, mientras los niños "se educan", seguramente "Mamá Lladró" estará preguntando quién puede ponerle unas prótesis para aumentar el tamaño del elemento anatómico en que pareciera basarse su valor como persona.
El autor es médico cardiólogo
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