Los nubarrones que envuelven al sistema educativo nacional, como resultado del paro de maestros que entrará a su cuarta semana, tienen que ser aprovechados para dar a la educación el remezón de calidad que está pidiendo a gritos. El revolcón tiene que ser drástico y no puede partir de recetas copiadas de manera automática de otras latitudes.
Estudios sobre los modelos educativos vigentes en América Latina indican que no hay en este momento un solo país de la región que se pueda tomar como ejemplo absoluto: incluso los que se habían visto como parámetro a imitar empiezan a mostrar su debilidad.
Panamá tiene dos metas difíciles ya logradas: el diagnóstico exacto sobre lo que ocurre y un interés generalizado por dar el salto cualitativo hacia adelante. Atravesamos una crisis, pero no puede haber temor en ensayar soluciones ni a este paro ni a crear un modelo propio “a la criolla”. Se requiere unir voluntades y deponer tantos intereses. Un país que tiene a su educación paralizada urge que esta reconstrucción arranque ya. Este problema no aguanta una semana más.
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