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Panamá, viernes 1 de septiembre de 2006
 

ENFRENTAMIENTOS.

Dispositivos mortales en Líbano

Weedah Hamzah

Beirut. -La cantidad de personas muertas por bombas de racimo en el sur de Líbano desde la aplicación del cese el fuego ascendió a 13 y más de 46 resultaron seriamente lesionadas, lo cual resulta en una mayor presión para los equipos de despeje de bombas, indicaron ayer los expertos.

El jefe del Servicio de Acción contra las Minas de la ONU en el sur de Líbano, dijo que los explosivos han causado un total de 59 víctimas confirmadas, 13 de ellas fatales, desde el cese de hostilidades el pasado 14 de agosto.

Hasta la fecha, el equipo de la ONU ha localizado 390 lugares separados donde se produjeron ataques israelíes y se utilizaron las municiones, indicó. Alrededor de 2 mil de los dispositivos potencialmente mortales, esparcidos en las zonas, han sido destruidos, añadió.

Naciones Unidas le ha pedido a Israel que provea una lista de sitios que fueron objetivo de sus ataques durante la ofensiva de un mes contra Líbano, a fin de efectuar una limpieza crucial.

Las bombas de racimo contienen submuniciones, o bombas más pequeñas, que por lo general son del tamaño de un puño, muchas de las cuales no llegan a detonar inmediatamente después del impacto.

Israel y otros países que han usado las armas -por ejemplo se señaló a Estados Unidos en Afganistán, Irak y Kosovo- a menudo se enfrentan a las críticas porque estas armas pueden matar indiscriminadamente.

Clark dijo que, aunque es "imposible" suministrar cifras precisas, la mitad de los dispositivos que se usaron probablemente no llegaron a detonar.

"La situación es mucho más grave que lo que la ONU encontró en Irak, Afganistán y Kosovo", dijo Dyala Farran, encargada de medios en Tiro del Centro de Coordinación de Acción contra las Minas, una sociedad entre Naciones Unidas y la Oficina Nacional de Desminado de Líbano.

"A medida que regresan los civiles, encuentran muchas de estas bombas sin estallar". "Esto se pondrá mucho peor", señaló.

Se cree que en el inicio de la ofensiva contra el movimiento chií Hizbulá, los militares israelíes hicieron entre 2 mil y 3 mil descargas de munición pesada -no sólo bombas de racimo, sino también proyectiles de artillería y bombas más convencionales- cada día. La cifra aumentó de 5 mil a 6 mil descargas en los últimos días de combates.

Farran indicó que aproximadamente el 10% de todas las municiones no llegó a explotar.

La constante pérdida de vidas por las bombas de racimo llevó a que el coordinador de la ONU para Ayuda Humanitaria, Jan Egeland, criticara ayer duramente el intenso uso de estas bombas por parte de Israel en los últimos tres días de guerra en Líbano, calificándolo de "sorprendente e inmoral".

Egeland criticó especialmente que el 90% de los lanzamientos de bombas de racimo ocurriera en las últimas 72 horas del conflicto, ya que a esas alturas estaba claro que la ONU iba a emitir una resolución y se terminarían los enfrentamientos bélicos. Según cálculos de la ONU, unos 200 mil refugiados no pueden volver a sus viviendas porque están destruidas o son inhabitables por culpa de granadas sin estallar, aseveró Egeland.

Además del problema que representan las bombas de racimo, el sur de Líbano alberga todavía unas 400 mil minas terrestres, muchas de las cuales fueron depositadas por militares israelíes cuando ocuparon la región entre 1985 y 2000.

DPA

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