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Reportaje especial
Panamá, viernes 1 de septiembre de 2006
 

CONTRAPUNTO.

Más sobre la agonía del periodismo

Marlem Del Carmen Murillo

Hace pocos días, los estudiantes de periodismo de la Universidad de Panamá, leímos un artículo en el diario La Prensa, que se intitulaba "La agonía del periodismo", donde el ingeniero Ramiro Guevara Luna señalaba que los periodistas juegan con la miseria humana. En respuesta, tomé el reto de escribir lo que sucede en realidad con esa agonía que muchos expresan.

Nuestra sociedad presenta cambios, los cuales satisfacen a algunos; asustan a otros e incluso, hay quienes no los entienden, pero lo que nadie puede hacer es ignorarlos o negarlos. En algunos sectores esto significa un desarrollo acelerado, debido al mundo globalizado; por ejemplo, el sector servicios y algunas exportaciones, reflejan un alto nivel de competitividad, esto ha traído divisas, progreso y empleo, sin embargo, en otros sectores requerimos fortalecer la economía del país.

Es ahí donde una sociedad que crece sin un modelo social, educativo, económico y cultural, adecuado, tendrá pobreza, criminalidad, delincuencia y otros flagelos que requieren atención urgente y medidas valientes. En pocas palabras, nuestra evolución no se compagina con el empuje comercial y económico y esto está degradando la calidad de vida del panameño; esta degradación se expresa en mendicidad, indigencia, crímenes, violencia, etc. Es el Panamá que algunos no quieren ver, pero al negarlo, niegan también la posibilidad de corregirlo, de cambiarlo, de superarlo.

Creo que es labor del periodismo reflejar la realidad de la sociedad; la motivación siempre tiene que ser la información para el cambio y nunca el morbo. El periodista debe ser un aliado comprometido del ciudadano en la búsqueda de esa calidad de vida, de ahí que siempre debe esforzarse en decir la verdad tratando de expresar un mensaje que contribuya a mejorar nuestra nación.

Ahora bien, la forma en que dicha sociedad toma ese mensaje depende de su base cultural, de sus valores, de su educación y es claro que esta base tiene deficiencias. El camino correcto, entonces, no es matar al mensajero porque su mensaje no nos gusta. Una sociedad moderna y competitiva lo último que puede pensar es en callar a sus periodistas.

En dicha labor, el comunicador juega un papel importante. Primero, reflejar aquellas áreas con deficiencias, haciéndolo con decoro, decencia y la prudencia. Segundo, transmitir los valores educativos y culturales que difundan los cambios requeridos.

Por último, todo gremio y sector profesional que se respete requiere de regulaciones y autocontroles. Creo que nuestra profesión es la más altruista, digna, y cuenta con la respetable misión de fortalecer las instituciones democráticas, a través de la información. Por ello, nosotros, necesitamos autorregularnos, saber separar las manzanas podridas que afectan la imagen de todos. Que quede claro, ese amarillismo morboso y esos periodistas que viven del chantaje y la extorsión (y los hay) no son la regla, sino una excepción que rechazamos.

Retomemos nuestros valores, nuestros retos de informar de manera constructiva; demandemos respeto hacia la profesión, pero al mismo tiempo, garanticemos que somos dignos del mismo teniendo la capacidad de mantener aquel profesional de altura que contribuirá a que nuestro querido país entre en el primer mundo, no con tabúes, miedos y complejos, sino como una sociedad moderna, culta y, sobre todo, bien informada.

La autora es estudiante graduanda de periodismo.

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