Más que un informe de gestión, al presidente Martín Torrijos hay que pedirle explicaciones por lo que prometió y no ha cumplido, y por no haber alcanzado aún el liderazgo que debe tener un jefe de Estado. La propaganda oficial dice que han sido "dos años de logros concretos", pero en los tres temas que él mismo definió como ejes de su gobierno, los hechos muestran lo contrario: la percepción es que la corrupción sigue campeando impune, el empleo no ha mejorado en forma significativa mucho menos en calidad, y asimismo aumenta la sensación que la inseguridad está triunfando.
El Presidente puede haber cumplido en tareas micro de intenso matiz paternalista apoyado en los criticados subsidios; pero le ha faltado talla para ser el líder que reclama la sociedad. Aquél que sin vulnerar la separación de los poderes tiene el carácter y la autoridad para pedir rendición de cuentas y cobrar por los desaciertos.
Quizás ha sido su indecisión sumada a la deficiente guía de los asesores de palacio, o por guardar ese silencio cómplice ante actos reprochables de la órbita estatal que, bajo su responsabilidad directa o indirecta, niegan la dignidad de la República. Por su bien y el de la Nación, aún tiene tiempo de enderezar el rumbo. |