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Reportaje especial
Panamá, miércoles 30 de agosto de 2006
 

PERCEPCIÓN.

El sueño del panameño no es el ‘juega vivo’

Pedro R. Mora R.

En las últimas semanas he notado el incremento de la idea de que los panameños tenemos como rasgo cultural, el "juega vivo". Se dice y se escribe que el juega vivo se manifiesta en tantas facetas cotidianas que nos parece tan nuestro como el tamborito y el punto pariteño.

Para desarrollar el tema definiremos: Cultura y el "juega vivo".

Cultura es el conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo, mientras el "juega vivo" es la acción del panameño a violentar las normas básicas de convivencia con la finalidad de obtener un beneficio propio. Ejemplo, la corrupción, evadir sanciones, colarse en la fila, atravesar a alguien al conducir, entre otros.

Para investigar si el juego vivo es parte del rasgo cultural panameño y no de otras sociedades, iniciaremos con parte del resumen del informe global de Transparencia Internacional (IT) sobre la corrupción 2005:

La credibilidad en Irak se ha visto afectada por el escándalo del programa de las Naciones Unidas "petróleo por comida y la confidencialidad en torno a la asignación de contratos del Gobierno de Estados Unidos. Los contratos beneficiaron a empresas cercanas al gobierno, tales como Halleburton y Bechtel; y surgen pruebas de ganancias excesivas de contratistas estadounidenses.

Inglaterra continúa los debates sobre el proyecto de ley anticorrupción, publicado en marzo de 2003, pero el futuro de la ley permanece incierto.

Uno de los cuatro líderes empresariales en Noruega declara que existe corrupción, y uno en diez admite que afecta a su empresa, según una encuesta realizada por la empresa aseguradora más grande de Noruega, Gjensidege NOR. La encuesta se realizó con posterioridad a la cobertura de una serie de casos que incluían la fijación, licitaciones fraudulentas, enriquecimiento ilícito, impuestos, fraude, contabilidad fraudulenta y pedidos de sobornos.

Se supone pagaron sobornos para construir un nuevo estadio de fútbol en Múnich para el partido inaugural de la Copa Mundial de Alemania 2006. Se decía que la empresa austriaca Alpina había pagado unos 2.8 millones de euros (3.6 millones de dólares) por información clasificada que la llevó a adjudicarse el contrato.

En Irlanda, los sondeos oficiales sobre la influencia de los negocios en la política, en curso desde 1990, continúan desenvolviendo redes complejas de pagos encubiertos a políticos y funcionarios públicos.

La relativamente limpia imagen de Canadá se vio afectada por un escándalo que involucraba la apropiación y uso ilícito de una gran suma de fondos públicos en el departamento de obras públicas.

En adición, recordaremos, la situación que vivía el conductor panameño antes de 1979, como otra muestra de lo equivocado de la idea.

En esa época, la imposición de una quinta frontera (antigua Zona del Canal) hacia que las normas y la autoridad que las aplicaba, en esa área, fueran extranjeras.

El conductor panameño que manejaba desordenadamente en la ciudad, al cruzar la luz amarrilla, no detenerse ante los altos y cometer otras faltas, cuando cruzaba, la hoy, Avenida de los Mártires, y entraba a la quinta frontera, cambiaba de conducta. Automáticamente, el conductor, irresponsable, se convertía en uno responsable. La diferencia, en la antigua Zona del Canal, era que existía una autoridad que aplicaba las sanciones por no cumplir las normas de tránsito.

En una de las universidades extranjeras que asistimos, nos encontramos con un profesor de economía, proveniente de la Universidad de Stanford, quien señaló que el país había logrado un alto crecimiento y desarrollo económico debido a la cultura y filosofía de sus ciudadanos. Ante esta situación, nosotros solicitamos al profesor que nos señalaran cuál era el puente más alto del país, porque nos queríamos suicidar: los panameños no teníamos ni la cultura y la filosofía de ese país.

De tanto cuestionar, finalmente, señaló que el crecimiento económico no depende de la cultura ni de la filosofía, sino de fáciles y transparentes normas que promuevan la competencia y el bienestar común y una autoridad que las haga cumplir.

La vivencia con el profesor de Stanford, con la quinta frontera y la información resumen de Transparencia Internacional, me permite concluir que el juega vivo no es un rasgo cultural del panameño, sino de todos los seres humanos que al enfrentarse a una autoridad débil, lo saca del cajón. Esta acción se agudiza cuando las normas no promueven la competencia y el bienestar común.

El sueño del panameño es abrir una empresa o tener un empleo productivo, comprar una casa, contar con sistema educativo de una calidad de primer mundo para educar a sus hijos, contar con ejecutivos gubernamentales y de empresa privada honestos e íntegros, que la justicia sea ciega... pero el "juega vivo", no.

El autor es profesor de economía

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