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Reportaje especial
Panamá, domingo 27 de agosto de 2006
 

POLÉMICA.

Limpieza de bases: tema ‘moribundo pero no muerto’

727089Betty Brannan Jaén

París, Francia. -Aunque Estados Unidos ha rehusado limpiar la contaminación ambiental que dejó en sus antiguas bases militares en el istmo panameño, Washington está negociando un saneamiento de sus bases abandonadas en Corea del Sur que podría costar 500 mil millones de dólares.

Los norteamericanos disputan esa cifra mientras que los medios coreanos afirman que ese será el costo si Washington accede a todo lo que Corea desea. El lado norteamericano admite que hará una limpieza de amplitud "inusual" en Corea pero insiste que la cifra de 500 mil millones de dólares es exagerada. Para Panamá, el caso coreano es uno que debemos vigilar por la esperanza que, de alguna manera, ese precedente obligue a Washington a sanear sus antiguas bases en Panamá, Filipinas y otros países.

La situación en Corea del Sur es que Estados Unidos planea cerrar 59 de las 70 bases que ha mantenido allí por décadas, para consolidar el grueso de sus 37 mil tropas en Corea en unas cuantas bases mucho más grandes que las anteriores. Las bases a cerrarse serán devueltas a Corea, devolución que abarca 170 millones de metros cuadrados de terreno. Estados Unidos desea completar la devolución para 2011, pero el proceso de reversión se ha visto obstaculizado por el desacuerdo entre los dos países sobre la limpieza ambiental que debe hacerse. Otro obstáculo es que las bases norteamericanas han sido el objeto de protestas populares -a veces violentas- por parte de activistas que exigen un saneamiento profundo o que se oponen a la presencia militar estadounidense en Corea. Encuestas en Corea muestran que 59% de los coreanos opina que Estados Unidos debe pagar por la limpieza de sus bases en el país, bajo el principio universal de que "quien contamine paga la limpieza" [en inglés, the polluter pays, uno de los principios básicos de la jurisprudencia estadounidense].

Mientras tanto, hay controversia en Corea sobre la postura del Gobierno coreano frente al dilema. Aunque algunos medios señalan que el Gobierno coreano ha mantenido una postura bastante dura frente a Washington, acusando públicamente que hay "contaminación grave" en muchas bases y rehusándose a aceptar bases no saneadas; pero otros medios coreanos ventilan críticas sobre la manera en que Corea se ha "sometido" a Estados Unidos sobre este tema. En otras cosas, grupos ambientalistas coreanos acusan que no ha habido transparencia en el proceso de negociar la limpieza y han entablado una demanda contra su gobierno para exigir la divulgación de los informes existentes sobre el grado de contaminación en las distintas bases a cerrarse.

Corea exige cumplimiento con un acuerdo firmado en 2004, que requiere que Estados Unidos remedie "los peligros inminentes y sustanciales a la salud y seguridad humana" en las instalaciones revertidas. Sin embargo, los dos gobiernos han tenido diferencias serias sobre cómo interpretar esa frase y otros términos tan sencillos como "contaminación".

Según el boletín Defense Environmental Alert, Estados Unidos ha aceptado "limpiar más de lo requerido" en Corea del Sur porque la tensión actual con Corea del Norte hace urgente que Estados Unidos complete velozmente la reestructuración de su presencia militar en la península coreana. Por ello, Estados Unidos hará una limpieza que "va mas allá de la práctica anterior" en cualquier otro país.

Esto podría servir de precedente para que países como Panamá vuelvan a presionar por una limpieza de las antiguas bases estadounidenses en su territorio, comentó el boletín.

"Panamá debe unirse a los coreanos en abogar por una limpieza [de las antiguas bases estadounidenses] en ambos países. Esto mostraría que Panamá tiene una visión verdaderamente internacional", señaló John Lindsay-Poland, el autor del libro Emperadores en la jungla, sobre la contaminación de las bases en el istmo panameño.

Desde mediados de los años 90, Panamá ha mantenido una disputa con Estados Unidos sobre la contaminación en las bases que los norteamericanos abandonaron bajo los tratados Torrijos-Carter. En noviembre, el presidente George W. Bush afirmó durante su visita a Panamá que "como amigos, podemos seguir hablando" sobre el tema, pero funcionarios estadounidenses dijeron luego que esas palabras de Bush no indicaban una nueva apertura. "Panamá puede seguir hablando y Washington seguirá escuchando, pero nada ha cambiado", puntualizó una fuente norteamericana.

Desde entonces, no se ha visto públicamente que haya un avance sobre el tema. El lado panameño me dice que se están ideando mecanismos "creativos" de resolver el problema, mientras que del lado norteamericano me dicen que el tema "está moribundo, pero no muerto".

La autora es corresponsal de La Prensa

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