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Panamá, sábado 26 de agosto de 2006
 

INNOVA

Buscando la historia bajo la tierra

Según el científico Richard Cooke, el 95% de la historia de Panamá yace debajo de la tierra.

Expertos analizan todo el material obtenido durante 10 años de excavaciones en el Cerro Juan Díaz.

LA PRENSA/Jihan Rodríguez
Restauración. Aureliano Valencia es el encargado de restaurar estas cerámicas antiguas, provenientes de las excavaciones arqueológicas en el Cerro Juan Díaz, en la provincia de Los Santos. 725856
Ivonne Rodríguez
panorama@prensa.com

Es tan directo como una flecha de Tagaeris, la tribu guerrera del Amazonas: "Esto no es una especie de huaquería con diploma. Es una empresa científica que investiga todos los aspectos de la vida de las culturas antiguas".

Así se refiere a la arqueología el científico Richard Cooke, británico de nacimiento, pero tan panameño como el tamborito, pues lleva 35 años en el país trabajando en lo que, reitera, "dista de ser una búsqueda de tesoros".

Desde 1991 tiene bajo su responsabilidad una labor casi titánica de la que han participado una decena de arqueólogos -algunos de ellos estudiantes-, biólogos y restauradores.

Se trata de recuperar toda la información posible sobre los hallazgos en el Cerro Juan Díaz, un sitio arqueológico ubicado en la provincia de Los Santos, que aguarda los mil 800 años de historia y que en 1989 fue víctima de los huaqueros.

Cooke explica que fue por esta última razón que la entonces directora de Patrimonio Histórico, Marcela Camargo, le pidió hacer un proyecto de investigación en ese lugar y que de hecho, tras conseguir la financiación, empezó hace 15 años.

Pese a que la destrucción ocasionada por los huaqueros fue de un 60%, según estimaciones, los arqueólogos lograron recuperar durante 10 años de excavaciones (de 1991 a 2001) materiales que incluyen fósiles humanos y de animales, vasijas y cerámicas que dan cuenta de la vida del que alguna vez fue un asentamiento precolombino.

Hoy y desde que terminaron las excavaciones, este científico y otras cinco personas se internan en el laboratorio del Instituto Smithsonian, en Isla Naos, para continuar con una tarea que les llevará quizá otro par de años de concentración.

Ahora estudian cada una de las piezas encontradas en el Cerro para resumir, interpretar y publicar todos estos datos en monografías y revistas.

Armando el rompecabezas

LA PRENSA/Jihan Rodríguez
CUIDADO. Gran parte de los objetos que hoy se restauran fueron rotos por los saqueadores del cerro, en 1989.

Todas las piezas de cerámica recuperadas del cerro están bajo el cuidado de Aureliano Valencia, más conocido como "Yeyo".

Este restaurador, oriundo de la comunidad de Diego, en la provincia de Veraguas, debe reconstruir los faltantes y unir los fragmentos de vasijas que proceden de entierros de mil 300 y 700 años atrás.

El salón en el que trabaja, ubicado en un laboratorio en Naos y con vista hacia el mar por una pequeña ventana, hay cientos de objetos quebrados a la espera de una reparación.

Valencia, dedicado al proyecto del cerro, debe realizar la restauración de estos de una forma paralela: mientras alguno se seca sobre unas almohadillas hechas de arena y algodón, piensa cómo armar el siguiente, acomoda los fragmentos de otro, pega con Acryloid B-72 o procede a la reintegración de colores.

Una paciencia similar a la de los grandes armadores de rompecabezas; además de pastas, pegamento y pinceles son sus herramientas.

Este hombre, el quinto de 10 hermanos, afirma que no calcula cuánto tiempo invierte en cada cerámica: "Lo importante es que quede lo mejor posible". Cuando se le pregunta por la gran pieza que descansa sobre la mesa , dice: "Le dediqué como dos meses y aún faltan los retoques".

Hasta hace una semana, casi al frente de este mismo salón estaba Fumie Iisuka, una pasante japonesa de arqueología de la Universidad de Arizona que estudia las cerámicas tempranas halladas en el cerro y que viajó a Estados Unidos para continuar con sus estudios.

Y del otro lado, cruzando el pasillo, se encuentra el biólogo panameño Máximo Jiménez. Sentado sobre una silla y con los ojos puestos sobre un microscopio, debe analizar todos los restos de peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos.

Parece una enciclopedia taxonómica: le basta una mirada para asegurar que tal huesecillo es el de una rana gigante.

Mientras tanto, Cooke tiene dos expectativas: que algún día se cuente con un edificio para preservar todos los materiales producidos por excavaciones científicas e interpretar la información obtenida durante estos años.

Ahora en Naos también realizan una investigación en el sitio arqueológico más antiguo de América Central: Cerro Tigre, en la provincia de Coclé.

(Vea INNOVA: El pasado revive después de muchos siglos)


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