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Reportaje especial
Panamá, sábado 26 de agosto de 2006
 

MODERNIZACIÓN DE LA VÍA

Mirando el arco iris equivocado

Ángel M. Solano

Cuando en 1997 fui llamado por la compañía Nathan Associates para formar parte del grupo de consultores que desarrollaría el Plan General de Uso, Conservación y Desarrollo del Área del Canal (EL PLAN), sentí un gran orgullo. Se me estaba dando la oportunidad de trabajar con reconocidos planificadores panameños y extranjeros en uno de los proyectos más importantes para nuestro país y, desde ese punto de vista, sentía que debía dar lo mejor de mí para cumplir con ese reto.

Trabajando con los arquitectos George Kourany y Jerónimo Espitia, dos panameños conocedores de la Planificación Urbana e Industrial, iniciamos un arduo trabajo que nos llevó a la identificación de casi todas las áreas potencialmente viables para el desarrollo de actividades relacionadas con el sector marítimo dentro del ámbito estudiado.

Dejamos definidos los espacios para permitir el crecimiento de los puertos existentes tanto en la entrada Pacífico como en el Atlántico del Canal de Panamá. Adicional a ello, desarrollamos cerca de cinco proyectos marítimos portuarios nuevos con la finalidad de atraer nuevas inversiones y, por supuesto, la generación de empleos, que era uno de los objetivos en que se enmarcaban los términos de referencia del componente que me correspondía como consultor en el tema marítimo portuario.

Durante toda mi investigación había algo que me mantenía pensativo y algunas veces extrañado. ¿Cómo era que yo debía desarrollar una serie de proyectos en torno a las áreas del Canal y en ninguno de los términos se incluía el propio Canal?

A los pocos días se me llamó para una reunión. Yo era el único ingeniero de puertos y canales disponible, ya que para traer a un experto de Estados Unidos, además de ser costoso, se requería de tiempo, que no había mucho. La pregunta obligada: ¿estaría usted dispuesto a asumir esta responsabilidad y completar el trabajo en cuarenta y cinco días? Mi respuesta no se hizo esperar, asumí el reto y poco después estaba en la biblioteca de la empresa buscando información o haciendo llamadas a personal clave de la Comisión del Canal.

Me aferré al Estudio de las Alternativas del Canal y prácticamente lo devoré en tiempo récord.

Efectivamente, el Estudio tenía todas las variables que necesitaba salvo algunas cosas que a mi juicio podían estar sobrediseñadas como: el buque de diseño considerado, el ancho de la plantilla de navegación del nuevo Canal de acceso y, posiblemente el concepto de las esclusas que suponían un solo salto de aproximadamente 25 metros sobre el nivel del mar. Pero, una cosa sí tenía clara, la obra habría de realizarse, no solo porque el comercio marítimo internacional así lo demandaba, sino porque veía en esta obra un futuro promisorio para Panamá.

A pocos años de exponer mis ideas sobre cómo debían desarrollarse las áreas (revertidas) del Canal, en términos de lo que es mi campo, se iniciaron algunos movimientos en contra de los embalses (parte de los estudios de las alternativas). Puse atención a los argumentos y con sorpresa, no sé si entendí bien, los campesinos luchaban por evitar la pérdida de sus tierras debido a los embalses, aunque creo que una compensación económica razonable hubiese sustituido ese temor; perdón, pero soy panameño y sé de qué pie cojeamos.

El tema de la ampliación tomó fuerza a inicios del 2005, fecha tardía en que me suponía deberían haber empezado las obras. Los que apoyan el proyecto y sus detractores han iniciado una guerra propagandística más que un debate serio para hacer valer sus ideas, lo cual me parece una pérdida de tiempo ante la realidad del comercio mundial y de la ya sopeteada globalización, y es que estamos cayendo en los mismos esquemas del oportunismo criollo porque en nuestro país es costumbre genética "pescar en río revuelto" y esta vez la bandera es el empleo, pero no un empleo cualquiera, es un empleo en "la Zona", pues todavía queda en nuestros genes la idea de que trabajar en ese entorno es sinónimo de salarios gringos, cosa que ya no es real, pero todo el mundo quiere trabajar allí. Bueno, el tema es que no hay empleo en ningún lado y las quimeras se valen cuando los pueblos tienen hambre.

He escuchado propagandas tan terroristas como Bin Laden en donde se ofrecen cursos al vapor para que las personas puedan aspirar a un empleo en "la Zona". Hombre, no es un cuento que no estamos preparados ni para vender chicha en las construcciones (labor que hacen los extranjeros), pero tampoco le digamos a la gente que si hace un seminario en tal o cual institución es garantía de que va a trabajar en "la Zona", no creo que sea así, pero lo que dicen en las propagandas a eso es a lo que lleva. Creo que estamos viendo el arco iris equivocado. ¿Cuántos empleos generará la obra de la ampliación? Tratándose de una obra de esa magnitud, yo diría que miles pero, en toda construcción la empleomanía se da en tres etapas: en la etapa de arranque se empieza con poco personal y en mi entender esta etapa puede tomar mucho tiempo; en la etapa de apogeo, que es donde se requeriría el grueso de la mano de obra; finalmente, la etapa de acabados o de decadencia donde entran los técnicos y especialistas que no sería sorpresa si la mayoría viniera del extranjero. Entonces, ¿dónde están los trabajos? ¿Para qué prepararnos para ejecutar una obra que cuando sea concluida dejará lo que toda gran obra acometida por el hombre, un cinturón de miseria y nuevamente desempleo? Me parece que éste no es el arco iris correcto donde al final encontraríamos la olla de oro.

¿Por qué en vez de prepararnos para ejecutar la smpliación del Canal, no nos preparamos mejor para después de la ampliación? Es probable que eso sea lo que están haciendo en este momento las grandes transnacionales y les estamos dejando posicionarse silenciosamente mientras nos estamos rasgando las camisas por ir a trabajar a "la Zona", deslumbrados por los colores propagandísticos de un arco iris falso.

¿Por qué aquellos campesinos de las tierras inundables con los embalses, que tarde o temprano tendrán que construirse por demanda de la naturaleza misma para que el Canal siga haciendo su labor "Pro Mundi Beneficio", no piden mercado exclusivo para sus productos para abastecer a las naves que pasarán por el Canal ampliado? ¿Por qué no iniciamos la búsqueda de oportunidades con agendas de servicio a los futuros usuarios del Canal ampliado? ¿Es que acaso no podemos preparar personal especializado en dragado, en reparación de naves, en calibración de instrumentos de navegación, en mantenimiento de calderas, turbinas, motores de buques, mecánica de precisión, operadores de grúas pórticas, planificadores de carga marítima y muchas otras profesiones que perduren en el tiempo y nos zafamos de aquella maldición que tenemos los panameños de depender siempre de que a alguien se le ocurra emprender una obra de construcción para poder optar por un empleo?

Miremos el arco iris nuevamente y preguntémonos con la mano en el corazón: ¿qué es lo que queremos?

El autor es ingeniero con especialización en desarrollo marítimo

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