Una noche para olvidar
Gustavo Ampudia P.
gampudia@prensa.com
OPINIÓN. Necesitaría varias páginas para poder escribir todas las cosas que viví la noche del sábado en el Figali Convention Center.Pero intentaremos hacer un resumen.Me impresionó la falta de un patrón definido por parte del boxeador panameño Vicente Mosquera, quien para mí se entregó como carne de cañón al pegador venezolano Edwin Valero.Desde el primer asalto Mosquera sintió la mano del nuevo campeón superpluma de la AMB, tras caer dos veces.Pensé que su esquina, con firmeza y mano dura, tendría un plan para contrarrestar el estilo de Valero, que para mí no es la gran cosa.Sin embargo, Mosquera siguió igual. Sólo hacia adelante, quizás para demostrar que era más guapo que el otro, o porque simplemente no tenía condiciones para bailarlo.
En los 15 años que tengo cubriendo boxeo no recuerdo un púgil que entrara a la jaula de los leones por voluntad propia.El Loco no utilizó laterales, casi no vi jabs, y mucho menos ese estilo panameño del "pai pai y no estoy".
Quiero decirle a Mosquera que en el boxeo no hay que entrenar al 100%, sino al 1000% en cada pelea.
Ese es su trabajo.Otra situación que quiero tocar fue el irrespeto que sufrimos la prensa en general en la velada.Cuando llegué al Figali no había puestos para la prensa escrita. ¡Qué barbaridad! Tuvimos que sentarnos en unas mesas pagadas que agarramos de todos modos.
Por más de tres meses los distintos medios trabajamos duro apoyando a la empresa Promociones y Eventos del Istmo, y a la hora de la hora nos trataron muy mal.El Figali estaba a reventar y eso se debe a la difusión por parte de los medios. Pero bueno, eso parece no haberle importado para nada a los organizadores.En mi caso personal me sentí humillado y utilizado. Pensé para mis adentros: "Ya la promoción se hizo y ahora defiéndanse como puedan".
Señores, hay que valorar a la prensa nacional, y no vernos como simples vías para publicar las noticias que les interesan. Somos profesionales y exigimos respeto. Y para rematar, tuve que tragarme una pésima interpretación de Kathy Phillips del Himno Nacional, algo que fue abucheado por el público.
El autor es periodista
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