| CARTAS DESDE EUROPA.
La solución de Hawking
Camilo José Cela Conde
El ilustre pensador del mundo cuántico a quien nunca dieron el premio Nobel, Stephen Hawkings, une a esas dos condiciones que, por sí solas, sobran para colocarle en la cima de lo que es la ciencia humana, un par de detalles capaces de llevarle más allá, hacia la categoría de mito. Uno es su enfermedad o, mejor dicho, la entereza con la que ha sido capaz de superar las limitaciones de esa situación degenerativa y paralizante en que se encuentra. Hawking apenas puede emplear otra cosa de su cuerpo que su cerebro pero lo hace de tal manera que el resultado se convierte en una referencia intelectual y moral, en un ejemplo hermoso de lo que puede la voluntad humana hasta en las circunstancias peores.
El segundo añadido que convierte al genio de la física en una referencia universal es su capacidad de divulgar los conocimientos científicos más complejos traduciéndolos a un lenguaje que cualquier lector medianamente culto puede entender. O intuir, al menos. La Historia del tiempo ha sido uno de los ensayos más vendidos durante años por mucho que terminarlo habiendo digerido sus tesis y sus explicaciones no es sencillo. Esa es la clave: Hawking hace que lo parezca.
Quizá no sea necesario mucho más para formar parte de los iconos mediáticos.
La última iniciativa por ahora de Hawking ha sido la de ejercer de filósofo lanzando a la humanidad, con la ayuda que supone la globalización de internet, una pregunta acerca del propio futuro de la especie. La pregunta es casi kantiana, aunque Hawking la formuló en términos actuales: ¿cómo podremos sobrevivir al próximo siglo? En realidad habría podido dictarse de otra forma, que es la que parece estar en realidad en su trasfondo: ¿podremos aguantar así cien años más? Y si cabe hacerlo, pero no como obramos ahora, ¿en qué consiste nuestro futuro?
La comunidad de internautas respondió de manera masiva, como han puesto de manifiesto los periódicos interesados en la iniciativa de Hawking. La solución elegida por él entre las recibidas consiste en aplicar lo que sabemos acerca de la evolución de nuestra especie y confiar en que siga actuando de manera parecida. Hemos sobrevivido a tantas catástrofes durante tantos centenares de miles de años... ¿Por qué no habríamos de hacerlo un siglo más? Hemos logrado cambiar nuestro entorno, obtener recursos, idear fórmulas de adaptación: todo lo que llamamos "cultura". ¿Qué razón hay para creer que no sabremos seguir haciéndolo en adelante?
Se trata de una respuesta optimista. Hay que agradecer a Hawking una cosa más, pues: que la haya elegido. Seguro que le llegaron miles de interpretaciones peores. El mundo necesita fe y esperanza.
Pero si se invoca el espíritu de lo que es la divulgación científica, el ejemplo de Hawking impide darse por satisfecho con esa respuesta. Un axioma empirista establece que lo sucedido hasta ahora no es garantía de continuidad. Cabe aplicarlo en este caso. Nuestra capacidad anterior para adaptarnos a casi cualquier cosa no garantiza que lo haremos cuando estamos en unas condiciones que nunca se dieron antes. La sobrepoblación mundial, las pandemias, el aumento de las diferencias entre pobres y ricos, el agotamiento de los combustibles fósiles... ¿se resolverán gracias a la varita mágica de un nuevo innovador genial? Tal vez. Pero la esperanza de que haya siempre ese deus ex machina parece, más que de Hawking, del doctor Pangloss, ejemplo máximo de los optimistas que creen que la solución mejor está siempre garantizada.
El autor es escritor
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