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Panamá, sábado 19 de agosto de 2006
 

INDUSTRIA AÉREA.

Calculan costos de alerta terrorista

Andrew McCathie

Berlín. -Mientras los aeropuertos británicos luchan aún por volver a la normalidad tras la dramática alerta terrorista de la semana pasada, las industrias aérea y turística comenzaron a calcular el costo de las demoras y cancelaciones que siguieron a la denuncia de un presunto complot para hacer estallar varios aviones en rutas trasatlánticas.

Casi 2 mil 500 vuelos han sido cancelados en los tres principales aeropuertos de Londres desde el jueves pasado, cuando las revelaciones acerca de la supuesta conspiración frustrada sumergieron al tráfico aéreo en Gran Bretaña en el caos y dispararon un endurecimiento de las medidas de seguridad en todo el sector de la aviación a nivel mundial.

Se estima que la sensación de agitación que siguió a la noticia del jueves pasado de que la policía británica había detenido a más de 20 sospechosos en conexión con el complot les costó sólo a las compañías aéreas británicas unos 475 millones de dólares.

Mientras la industria diseña planes para que los viajeros de negocios sepan lidiar con una nueva era de estricta seguridad aeroportuaria, las perspectivas de que las compañías aéreas deban enfrentar un costo adicional ha suscitado cuestionamientos respecto del futuro de las líneas aéreas europeas de bajo costo, que han emergido como importantes competidores para las empresas ya establecidas.

Si bien las acciones de las aerolíneas han logrado salir de los bajos niveles a los que cayeron la semana pasada a raíz de las preocupaciones por el impacto de las nuevas regulaciones de seguridad en el negocio del aerotransporte, la nueva alerta terrorista y las medidas para incrementar la seguridad en esta área se producen en momentos en que el negocio lucha con una fuerte competencia, aumentos de precios en los combustibles y una serie reciente de temores que van desde el terrorismo hasta la gripe aviar.

La alarma surgida ahora en Gran Bretaña es uno de estos casos, dado que la noticia de que terroristas planeaban hacer explotar hasta diez aviones en ruta trasatlántica emergieron en medio de la temporada europea de vacaciones estivales.

Esto llevó a muchos usuarios frecuentes del transporte aéreo a optar por otros medios como el tren Eurostar que une Londres con Europa continental.

En una entrevista de radio, Michael O'Leary, jefe de la principal aerolínea europea de bajo costo, Ryanair, describió la situación generada por la alerta terrorista como "casi el colapso de los aeropuertos londinenses".

Mientras tanto, las aerolíneas se han visto obligadas a pagar la cuenta de hotel de pasajeros varados por los problemas de seguridad y a reembolsar billetes e incluso a abonar compensaciones a algunos viajeros por vuelos cancelados.

Asimismo, tanto las autoridades aeroportuarias como las aerolíneas posiblemente vean incrementados sus costos por el entrenamiento de su personal acerca de la implementación de las nuevas medidas de seguridad.

En el largo plazo, los analistas también creen que el riesgo para el negocio de las aerolíneas es que los pasajeros se vean disuadidos de volar por la idea de tener que lidiar con las fuertes medidas de seguridad y la amenaza de largas colas, y más especialmente que evitarán a las varias compañías que aparentemente se han convertido en posibles objetivos terroristas.

Entretanto, los viajeros regulares por negocios han intentado sopesar el costo de la nueva serie de medidas de seguridad, que posiblemente impongan nuevas restricciones en cuanto al equipaje de mano e impliquen esperas más largas en el check-in, y en el futuro inmediato obliguen incluso a dejar en tierra determinado equipaje.

Sólo British Airways intenta actualmente despachar en Gran Bretaña unas 20 mil piezas de equipaje que aún no ha entregado a sus dueños. Cuando se produjo el gran atasco en los aeropuertos británicos, la aerolínea se vio forzada a contratar camiones para distribuir equipaje en toda Europa.

British Airways afirmó que está considerando iniciar acciones legales contra el operador aeroportuario británico BAA por ganancias perdidas, estimadas en unos 95 millones de dólares.

Asimismo, para las compañías que envían a sus ejecutivos de viaje por el mundo, los extensivos controles de seguridad en las terminales aéreas y los riesgos de enormes demoras implican que el tiempo y consecuentemente los costos de estos viajes de negocios podrían verse incrementados.

Las rigurosas medidas de seguridad fueron aparentemente relajadas en los últimos días para permitirles a los usuarios de los aeropuertos británicos llevar en sus vuelos equipaje de mano del tamaño de un ordenador portátil.

Pero además del estrés añadido de intentar volar entre el mayor mercado financiero (Nueva York) y el centro financiero más importante de Europa (Londres), las posibles futuras restricciones al equipaje de mano han generado preguntas acerca de cómo podrán ser transportados las laptops y teléfonos móviles, que hoy en día son elementos clave en un viaje de negocios, en caso de futuras alertas terroristas.

Varias compañías líderes ya han emitido directrices a sus viajeros de negocios aconsejándoles que dejen sus computadoras en casa en lugar de arriesgarse a que resulten dañadas o extraviadas en la bodega de la aeronave en caso de que se vuelvan a implementar medidas de seguridad reforzadas.

El problema adicional para los negocios es que muchos de los viajes que deben realizar sus ejecutivos son arreglados a último momento y tienen como objetivo cerrar un acuerdo en negociaciones cara a cara, algo complicado de concretar si se producen largas demoras imprevistas y cancelaciones.

Las nuevas medidas de seguridad han generado dudas sobre las perspectivas de las líneas aéreas europeas de bajo costo, que en los últimos años han impulsado una baja de precios en los boletos de avión.

Analistas señalan que la red de compañías sin servicios extra, que emergieron en los años recientes, podría enfrentar la dificultad de tener que elegir en los próximos años si trasladan a su público el aumento de costos por mayor seguridad, mediante un incremento en los precios de sus tarifas, o si optan por recortar drásticamente sus propios beneficios.

Más que eso, los expertos afirman que la última alerta terrorista ha expuesto la vulnerabilidad de las aerolíneas de bajo costo, dado que una parte clave de su negocio es la brevedad del lapso entre que un vuelo aterriza y vuelve a despegar.

DPA

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