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Reportaje especial
Panamá, sábado 19 de agosto de 2006
 

CRISIS. LOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE ISRAEL Y EL HIZBULÁ DEJÓ HERIDAS PROFUNDAS.

CRÓNICA DESDE ISRAEL
34 días de guerra que aún retumban

Luego más de un mes de enfrentamientos, la calma parece haber llegado al norte de Israel. Algunas personas regresan a casa; otras entierran a los muertos o se niegan a salir de los refugios por temor a que los ataques ocurran de nuevo. En el país hay críticas, balances y se analizan las próximas movidas después de la guerra. Nadie sabe a ciencia a cierta si la resolución de las Naciones Unidas llevará la paz duradera a esa región del Medio Oriente.

723272Adriana Puerta
Especial para La Prensa

"No, no y no. De aquí no pienso salir todavía. Aunque todo el vecindario regrese a sus casas y haya gente arriba, en la calles, me quedaré aquí hasta que yo quiera". Sapir Friedman habla con seguridad. Cuando empezó la lluvia de misiles de Hizbulá fue de los primeros que dejó su casa y se fue a vivir al refugio que hay en la planta subterránea de lo que llama su nuevo hogar. De pronto, le vienen los recuerdos de la guerra.

"Yo estaba a cinco metros del hombre que murió por un cohete aquí en Nahariya. Él corría hacia el cuarto de seguridad cuando fue alcanzado por el misil. Y murió. Yo lo vi todo".

Sapir, quien acaba de cumplir 53 años, no escucha razones.

De nada sirve decirle que los niños ya juegan en el parque, que la gente ya regresa de su huida forzada, en fin... que la guerra terminó. Según los cálculos oficiales, alrededor de 37 mil personas –la mitad de la población– abandonaron la ciudad tras los ataques de Hizbulá. Del otro lado de la frontera, en el Líbano, los que vuelven a casa se estrellan con la terrible realidad de la destrucción y de la muerte que dejaron los ataques del ejército de Israel.

Secuelas de la guerra

Aunque en Nahariya se respira tranquilidad hay muchas que sienten lo mismo que Sapir. Después de 34 días de vivir en cuartos subterráneos, se niegan a salir de ellos. Tienen temor. "Me da miedo asomarme al balcón y que mientras me esté bañando entre un misil y me alcancé", dice otro de los inquilinos de aquel cuarto de seguridad.

Nahariya es una ciudad localizada al norte de Israel, famosa por sus playas; cuando fue atacada por Hizbulá se convirtió en una especie de pueblo fantasma. Ahora lucha por volver a la normalidad.

A pocos metros de distancia se distingue el desfile de tanques color café, de vehículos del ejército y de soldados que se preparan para regresar a casa. Tzachi Morowitz es uno de ellos. Este joven que cumplirá 26 años en un mes, está feliz de regresar a Kfar Saba, una ciudad localizada a aproximadamente cuarenta minutos de Tel Aviv. Tzachi trabaja como camarero en un reconocido bar, cuenta que durante el año difícilmente se entera de lo que ocurre en el país. "No me gusta ver noticias ni leer los periódicos. Yo trato de disfrutar la vida y estar con la gente que quiero". Precisamente por ello, le fue difícil ir al Líbano.

"Era la 1:00 a.m cuando recibí la llamada de la unidad de reserva del ejército anunciándome que tenía que sumarme a las operaciones militares. Ahora solo puedo decir que vi imágenes muy difíciles que van a estar conmigo por siempre: compañeros tratando de rescatar partes de los cuerpos de soldados muertos, misiles que caían en el momento menos esperado y lo incendiaban todo. Dejamos de hablar con nuestras familias durante días. Aunque tuviéramos muchas ganas de darnos un baño o de afeitarnos, en la guerra ese tipo de cosas a veces quedan en un segundo plano".

Al igual que Tzachi, se calcula que en este momento alrededor de 20 mil soldados están en camino de regreso a sus hogares; otros no lo lograron.

LA RECONSTRUCCIÓN

Por su parte, el gobierno israelí se alista para la reconstrucción de las ciudades del norte impactadas por los misiles.

Se sabe que debido a la guerra, el gobierno israelí ha decidido hacer un recorte de aproximadamente 410 millones de dólares en el presupuesto general del país.

La idea es que haya recortes en cada ministerio y los fondos se transfieran al ministerio de Defensa. Fuentes oficiales han afirmado que los recursos serán utilizados para cubrir los costos de la guerra y ayudar a las comunidades del norte del país que fueron más golpeadas.

Cuestionamientos

Según se ha informado, mil 300 personas murieron en el Líbano, 4 mil resultaron heridos y 900 mil huyeron de sus hogares como resultado de los bombardeos. Gran parte de la infraestructura del país fue destruida y se calcula que la reconstrucción tomará entre tres a cinco años para lo que se necesitará hasta 10 mil millones de dólares.

Del lado israelí, se sabe que 150 personas, entre soldados y civiles, perdieron la vida. En total 3 mil 700 personas resultaron heridas. Se calcula que el costo total de los daños ascienden a los 6 mil millones de dólares.

Pero además de las cifras, se escuchan juicios, exámenes y opiniones que resuenan dentro de la sociedad israelí, ahora que la guerra ha terminado.

OPINAN LOS EXPERTOS

Zeev Schiff, experto en el tema de ofensiva militar, dice que aunque la guerra ha terminado es posible que se trate del primer round. "No puede esperarse alcanzar ningún acuerdo de paz con Hizbulá, pero es posible que esta guerra traiga cambios importantes en el Líbano y en la lucha de Israel contra Irán".

Schiff, uno de los analistas más equilibrados del país, también da su opinión sobre el ejército tan cuestionado en estos días. Por un lado, señala que el ejército logró impactar varias posiciones estratégicas del Hizbulá y mostró resolución para enfrentar al enemigo. Por otro, muchos de los reservistas llegaron a los combates sin haber practicado durante meses e incluso años.

"Aunque se logró destruir los misiles de largo alcance, fue imposible limitar el número de ataques contra Israel y las tropas no llegaron a la zona desde donde se disparaban los cohetes", señala.

Un punto a favor, indica Schiff, es que el primer ministro Ehud Olmert y la ministra de Asuntos Exteriores Tzipi Livni lograron mostrarle a los organismos internacionales la necesidad de acabar con el Hizbulá y con las "voces terroristas" que salen desde Irán.

La resolución 1701 de las Naciones Unidas que pide el alto el fuego, indica, debe verse como algo positivo ya que logró el retiro de las tropas del sur del Líbano e impide la transferencia de arsenal de gran escala a Hizbulá.

Yair Lapid, otro analista, dice que, hasta ahora, las guerras de Israel no han sido peleadas para buscar resolver un conflicto u obtener una resolución contundente: "lo mejor que uno puede esperar es mejorar una posición antes de que ocurra el próximo estallido de violencia. Así es la vida en el Medio Oriente".

En carne propia

Justo cuando cientos de soldados regresan a casa y llueven las manifestaciones de alegría en muchos hogares de Israel, el reconocido escritor y pacifista David Grossman, se prepara junto a su familia a sepultar en el monte Herztl a Uri, su hijo de 20 años quien murió el fin de semana pasado en el Líbano cuando un misil impactó el tanque en el que viajaba. En dos semanas, Uri celebraría su cumpleaños número 21.

Dos días antes de morir, su padre había firmado junto a los escritores Amos Oz y A. B Yeshoshua una declaración en la que se oponían a la guerra.

Grossman también se había unido a las protestas de varios grupos de izquierda.

Dentro del texto de la declaración se lee: "El argumento de que la presencia israelí en el río Litani prevendría la caída de misiles en Israel es una ilusión. Hizbulá quiere que ingresemos en su territorio para vernos caer dentro del fango. Debemos mirar hacia adelante y no actuar de la misma forma de antes... No hay cómo dialogar con Hizbulá, pero sí con Siria y probablemente con el Líbano. Esa es un arma que aún no hemos utilizado".


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