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Reportaje especial
Panamá, viernes 18 de agosto de 2006
 

JUGANDO CON LA MISERIA HUMANA.

La agonía del periodismo

Ramiro Guevara Luna

Los periodistas en Panamá se han convertido en simples informadores de crónica amarilla, llena de violencia, inmoralidades, venganzas sangrientas, muertes y toda clase de aberraciones.

Ellos se han convertido en el departamento de mercadotecnia de los criminales y son los mejores propulsores de las "proezas" de los pandilleros, los tumbadores de droga, los pederastas y de todos los que delinquen, violan y asesinan. Los llamados periodistas poseen un acuerdo con los criminales: "Avísennos para filmar y cubrir todas sus hazañas y convertirlos en modelos y personajes importantes en el país". La última adquisición de este mundillo empedernido en destruir los valores es un señor llamado Viteri; los periodistas se relamen de gusto cada vez que tienen la oportunidad de entrevistarlo o grabarle alguna de sus sabias intervenciones televisivas; el rating se dispara y la morbosidad llega a límites codiciados por todos. Este señor, sin ninguna clase de recato se expresa en la televisión y en la prensa escrita en los términos más aberrantes posibles, incluso reconociendo que efectivamente es un criminal o, por ejemplo, aclarándonos que pondrá a no sé qué otro criminal ¡a que le lave los calzoncillos en la prisión! Todo esto en el mejor color y, por supuesto, a la hora donde todos nos podamos "deleitar" con estas bellezas. Estos son los modelos que les están vendiendo a los jóvenes de este país.

Esos malos periodista en Panamá llegan a los extremos de que venden su alma al diablo con el solo fin de obtener rating o que sus noticias se escuchen y se lean.

Nada en los noticieros de la radio, televisión o en los periódicos tiene alguna connotación de importancia para el mejoramiento de nuestras vidas, sino solo para destruirla con bombardeo constante de morbosidad, vulgaridad, falta de educación, criminalidad, irrespeto a la dignidad humana y poca o ninguna valoración por la vida o las buenas costumbres, con la finalidad, por supuesto, no de educar o hacer valer el derecho a la libre expresión, sino con la única intención de "captar" la atención del público; eso de la libertad de expresión es la mejor excusa para la prostitución periodística. Por otra parte, existe un público que está enajenado y ha sido habituado a consumir esta clase de aberraciones ofrecidas por los llamados periodistas que a esto es a lo que los han acostumbrado. Y no mencionemos la destrucción del idioma, la mala utilización de las palabras, la vulgaridad y la falta total de escrúpulos.

Somos muchos los que ya no consumimos esta clase de basura periodística, aunque es lastimoso ver cómo estos informadores de indignidades (por respeto al periodismo no los llamo periodistas) hacen estragos entre los jóvenes, que, por otro lado, viven en una ignorancia escandalosa y cruel.

Las mañanas son muy deprimentes en Panamá. Los noticieros mañaneros solamente describen las miserias de la sociedad en que vivimos y del ser humano. Algunos de los personajes que participan en las entrevistas y programas de opinión están tan desacreditados y desgastados que a la gente sencillamente no le interesa ni los temas que tratan, ni sus opiniones. Algunos de esos actores son archi-reconocidos en la farándula criminal del país; ahí está, por ejemplo, un abogado, que aunque no engaña a nadie, persiste en aparecer como el defensor de los inocentes y enfermos del país (todos sus clientes se enferman).

El periodismo en Panamá está agonizando y casi extinguido. Aunque hay que señalar que todavía existen periodistas que hacen un trabajo digno, pero sin posibilidades de surgir.

Los panameños tendremos que esperar para poder disfrutar de verdaderas noticias, escritas por intelectuales y no por gente ávida de dinero y fama, que mercadea impunemente con la debilidad, la miseria, la desgracia y la ignorancia humana.

El autor es ingeniero

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