| MADRID.
Fiebres, desmanes y despelleje
Carlos Rodríguez Braun
El País concedió honores de portada a este titular: "Los ecologistas alertan de que la fiebre urbanística amenaza el litoral español". Se trataba de Greenpeace, que denunciaba que se construyen 1.5 millones de viviendas en la costa y "ninguna administración pone coto a tanto desmán".
El pensamiento único celebra la autoridad de los ecologistas, uno de los disfraces que adoptó entusiasta la izquierda una vez que los crímenes del socialismo "real" resultaron innegables incluso para los comunistas.
Los ecologistas, en realidad, no tienen la solvencia incontestable que predica la corrección política, y en numerosas ocasiones han sido descubiertos en manipulaciones y mentiras flagrantes. Esto, sin embargo, no es motivo de preocupación porque lo que importa es su mensaje totalitario de fondo: la gente libre es una calamidad y, por tanto, lógicamente, no puede ser libre. Su retórica es incorporada en la prensa supuestamente progresista, que subraya que las personas libres padecen "fiebre" y sus actos representan una "amenaza".
Que la gente quiera tener un piso frente al mar no tiene nada de malo. A veces parece que lo que la izquierda desearía es que veraneásemos en las ciudades, todos encerrados en casa sin molestar, o bien en lugares alejados de las costas, no vaya a ser que las estropeemos. Y desde luego no podemos jugar al golf, porque es un desastre ecológico. Puro camelo. Presentado siempre con tonos apocalípticos, y procurando cuidadosamente minusvalorar la responsabilidad de las autoridades en los problemas que sin duda registra la construcción, desde la corrupción hasta la falta de agua potable o de adecuada depuración de las aguas residuales, desde la fiscalidad hasta la política monetaria. Es que fiebres y desmanes, ya se sabe, sólo aquejan a los ciudadanos privados.
Despelleje. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunicad de Madrid y militante del Partido Popular (PP), dijo que cuanto más globalizado es un país, cuanto más abierta está su economía, más capaz es de reducir la miseria. Esto es una obviedad, carece por completo de originalidad, y es lo más lejano a la provocación que quepa concebir. Sin embargo, hizo arder Troya.
Ya se sabe que las personas de izquierda son muy susceptibles cuando alguien se mete con ellas, pero se creen siempre en condiciones de insultar sin reparos a los que piensan distinto. Por ejemplo, la señora Marga Ferré, portavoz adjunta de Izquierda Unida (IU), llamó a la presidenta madrileña "analfabeta económica", y añadió: "Que diga Aguirre un solo país donde el neoliberalismo haya generado bienestar". Esto es asombroso, pero supongo que en IU, donde proliferan los amigos de la dictadura comunista cubana, igual les parece una casualidad que los mismos trabajadores cubanos que malviven en la isla prosperen con sólo vivir unas millas más allá, en Estados Unidos.
También terció don Rafael Simancas, el genio que calificó a Israel de "genocida". Él es discípulo de otro genio, José Luis Rodríguez Zapatero, que acusó a Israel de no respetar la legalidad internacional, y no dijo ni una palabra de los ataques de Hizbulá o de la complicidad criminal de Irán y Siria en el terrorismo contra Israel.
El señor Simancas dijo que el neoliberalismo no funciona y puso como ejemplo la Argentina: supongo que nadie le habrá dicho a don Rafael que en la Argentina supuestamente liberal se mantuvieron cerrados importantes mercados, mientras aumentaban los impuestos, el gasto público y la deuda pública ¡los tres a la vez!
El líder de los socialistas madrileños coronó sus reflexiones económicas con el tópico lacrimógeno: "No le veo mucho sentido a esta valoración conformista y optimista, cuando la mitad de la población mundial sobrevive con pocos euros al día". Perdió don Rafael una notable oportunidad de explicar dónde prosperan los pueblos. Si no estuviera cegado por la demagogia socialista, habría reconocido que los miserables de la tierra que han dejado de ser miserables no están distribuidos al azar: en su mayoría están precisamente en los países con economías más libres y abiertas. Es decir, responden exactamente al diagnóstico que formuló la despellejada Esperanza Aguirre.
Firmas Press. El autor es economista argentino
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