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Reportaje especial
Panamá, martes 15 de agosto de 2006
 

BOLIVIA.

El paraíso perdido de Evo

Ricardo Soto

Los pueblos indígenas bajo la educación de las sociologías políticamente correctas o marxistas han idealizado su pasado hasta niveles absurdos.

Conrad y Demarest, expertos en historia precolombina, han desmontado esa idea del estado social indígena que sirvió a Rousseau para escribir lo del "buen salvaje", una de las ideas más dañinas en la historia de la cultura occidental ya que sirvió para fundamentar las mitologías marxistas, nacionalsocialistas e indigenistas, de una pasada edad de oro con hombres buenos por naturaleza, destruida por los malvados capitalistas, judíos o europeos de acuerdo con las versiones respectivas de este maldito mito.

Los modernos historiadores han documentado los estados de terror que eran los imperios precolombinos.

Lo que sucedió en la conquista fue un choque entre estados de terror, el español venció a otros, los indígenas, cuando hasta entonces el mismo enfrentamiento se sucedía generación tras generación entre los pueblos indígenas.

La mejor prueba es que cuando los españoles atacan Tenochtitlán iban acompañados por los guerreros de las tribus de los alrededores a la ciudad, que eran restos de pueblos sometidos por los vencedores aztecas, bajo el lema del enemigo de enemigo es mi amigo.

Las etnias indígenas conquistadas buscaban venganza de sus conquistadores indígenas aliándose con los españoles. Por eso fue tan fácil para un puñado de europeos conquistar extensos imperios.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo, marxistas como el vicepresidente de Bolivia y la pintoresca, ecléctica e inusual colección de activistas indigenistas que siguen a Evo Morales buscan solucionar los problemas de pobreza que afectan al grueso de la población de mayoría indígena de Bolivia atacando a un falso enemigo común, el capitalismo liberal que nunca existió en Bolivia, un país más bien feudal y mercantilista como todos los países iberoamericanos.

Sin embargo, creemos que a la hora de la verdad van a tener serias diferencias. Ambos añoran un regreso al pasado colectivista, los marxistas a 1967, para terminar lo que el Che comenzó, y los indigenistas a 1491, para restaurar un pasado mítico comunal. He aquí el problema, el marxismo es una idea europea,  como dice Glucksmann, es el "no yo" de la cultura europea, la negación radical de la tradición individualista de la herencia judeo-cristiana; en sus ideales de modernidad cientificista el marxismo sigue siendo plenamente europeo. Los indigenistas bolivianos en cambio ven en las ideas europeas la raíz del problema. El ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, se jacta de no haber leído un libro de ninguna especie porque no quiere nublar su mente con conceptos europeos. "Hemos estado en manos de los que han leído libros y usted sabe en qué situación está nuestro planeta tierra, es mucho mejor aprovechar el conocimiento de los ancianos aymara", aseveró a un periodista del Wall Street Journal. El Ministro de Educación, Félix Patzi, piensa que las mujeres indígenas deben tener entre cinco y ocho hijos cada una para que la minoría blanca con sus ideas europeas pase a ser irrelevante. "¿Competitividad, me pregunto por qué? ¿Por qué estudiar negocios en un país sin negocios?", declaró al mismo periodista en otra ocasión. Creemos que cuando marxistas e indigenistas terminen su tarea común de destruir lo poco que existe en Bolivia de liberalismo, estado de Derecho y racionalidad van a tener un enfrentamiento muy interesante entre ellos sobre hasta que fecha en el tiempo desean retroceder a Bolivia. La situación empieza a recordar a la Camboya de Pol Pot.

Ayn Rand declaró en una ocasión que cualesquiera que sean los pecados de América Latina el capitalismo no es uno de ellos. Tampoco lo es la racionalidad científica, el estado de Derecho y el individualismo occidental. A diferencia de los asiáticos, japoneses, coreanos, chinos y últimamente hindúes que han descubierto que la mejor manera de evitar la inferioridad frente  a occidente es copiar el capitalismo y la ciencia occidental, convirtiendo al Asia en una de las regiones de más rápido crecimiento en el mundo, nosotros en nuestra pobre América, huimos guiados por el resentimiento hacia el pasado, hacia el telurismo, hacia el populismo eterno, hacia el marxismo burdo, buscado como Evo un mítico paraíso precolombino que nunca existió. Queremos regresar a ser buenos salvajes y buenos revolucionarios, aunque dudamos que lo de bueno se pueda cumplir. Queremos tanto ser gobernados por ángeles que vamos a terminar gobernados por demonios. Queremos tanto construir el Paraíso que podemos acabar construyendo el infierno.

El autor es miembro de la Fundación Libertad.


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